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Lamento boliviano
Lamento boliviano

Columnas jueves 16 de mayo de 2019 - 02:24


Bolivia es un verdadero caso de estudio sobre el populismo en el continente. Es muy diferente al resto de sus pares en muchos sentidos; empezando por su gestación, su líder e impulsor, su base política y hasta en los resultados macroeconómicos. Desde luego que al igual que otros, Evo Morales comparte su desdén por la democracia, por el equilibrio entre los poderes de la república (señaladamente el judicial); y procura la división de la sociedad. Sin embargo, curiosamente ha mantenido una relativa estabilidad de las finazas públicas.

▶ La prudencia y la previsión en la conducción de la política económica por parte de Evo, quien llegó al poder en el año 2005, le ha permitido a esa nación andina no solamente resistir el embate de contextos internacionales poco favorables, sino que también su economía ha crecido de manera sostenida.

Durante una década (2004- 2014) su tasa fue del 4.9 por ciento; y la pobreza se redujo de 59 a 39 por ciento. Por supuesto, a todo esto no habría que restarle mérito a la bonanza producto de los enormes yacimientos de gas.

De acuerdo a proyecciones de la CEPAL, Morales ha logrado que su país se sitúe en los tres primeros lugares de crecimiento; únicamente detrás de República Dominicana 5.7 % y Panamá con 5.6 %. En contraste, las otras naciones que tienen la desgracia de ser dirigidas por líderes populistas, autoritarios e iletrados presentan registros alarmantes: Venezuela -10%, Nicaragua -2.0%; y Argentina -1.8% (gracias a los saldos del kichnerismo). Incluso se espera que México no alcance más allá de un 2.1% (detrás de Haití, para quien se estima un 2.8%).

La razones que explican esos buenos números son la disciplina, asociada a la humildad de poner en manos capaces la administración de las finanzas; sin menospreciar la inteligencia y sagacidad detrás de eso. El boliviano no tiene un pelo de tonto y sabe jugar muy bien sus cartas.

A diferencia de otros, él también es un maestro en ganar elecciones por la vía clientelar; pero sabe poner límites al dispendio. Incluso le juega bien a la élite empresarial, a cuyos miembros mantiene a raya, pero sin apretarles demasiado el cuello. Y todo esto no es otra cosa que un talento sin precedentes, que le ha traído a su sociedad una estabilidad de la que no había gozado.

Morales es un fenómeno, porque su asenso al poder viene precedido de una carga histórica, política y social por demás interesante. Son los agricultores cocaleros los que dieron inicio al legítimo reclamo por las miserables condiciones en las vivían y laboraban (siguen igual de pobres, pero ahora subsidiados). De ahí empieza el hervidero de un caldo de cultivo enriquecido con siglos de racismo, clasismo, injusticias, desigualdades y demás lápidas sobre las espaldas de las grandas masas de población indígena.

Evo supo aprovechar el momento, cuando la clase política y empresarial pensaba que sus usos y costumbres seguirían imperturbados por seacula seaculorum. Morales, al igual que todo populista de cepa, tiene el gen antidemocrático y lleva nada menos que catorce años en el poder… y seguirá hasta que el gas aguante.

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/CR

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