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Las mañaneras con pan son buenas

Las mañaneras con pan son buenas

Columnas martes 30 de abril de 2019 - 02:00

Las mañaneras de nuestro amado líder no tienen desperdicio porque más allá de la retórica política, de los regaños, de las cuentas alegres que nunca coinciden con las cifra oficiales del propio gobierno, de su peculiar forma de amedrentar y de exponer al escarnio público, de acusar sin pruebas, pero eso sí, insistiendo en que defiende la libertad de expresión y de señalar que el gobierno no persigue nadie por sus opiniones, más allá de todo eso, las mañaneras tienen una buena carga de humorismo involuntario.

Buena parte de los mensajes matutinos son susceptibles de provocar risa, pero también extrañeza o desconcierto. Las preguntas que le hacen los pseudoperiodistas cómodamente sembrados, como el regreso de Juan Gabriel o cuál es el secreto para mantenerse como corredor keniano, o bien, las respuestas con su dosis de nueva historia oficial —casi podría asegurar que ningún otro presidente en el siglo XX había mencionado públicamente a Lucas Alamán durante su gestión—, o el uso de términos que huelen a naftalina como conservadores y liberales, o la guerra personal contra el neoliberalismo como el gran enemigo de la historia patria, o el uso de dichos mexicanos o el famoso “me canso ganso” o también “lo que diga mi dedito”.

Mas allá de que nuestro amado líder marca la agenda de todo y de todos, es un hecho que muchas de sus respuestas provocan extrañeza o desconcierto; responde lo que no le preguntan; suele salirse por la tangente, cambia de tema, revira con el típico “yo tengo otros datos”, solo le falta usar el tradicional “mi papá es más fuerte que el tuyo”. Con las mañaneras, el presidente ha hecho del eufemismo y la simulación narrativa, de la confusión, de la no respuesta un verdadero arte al más puro estilo del viejo sistema político mexicano: enredando, evadiendo, confundiendo, dejando la duda sembrada.

A principios de abril una reportera le preguntó acerca de las declaraciones de Obama criticando a Trump; ni tardo ni perezoso nuestro amado líder respondió con el ya clásico “lo que diga mi dedito” y luego por varios minutos habló acerca de su bateo, de sus ganas de practicar y de temas sobre béisbol sin mucho sentido. Para variar, sus enemigos querían encerrarlo en un manicomio y declararlo incapacitado mentalmente para gobernar. ¡Cuánta exageración!

Al ver el video recordé un discurso de Francisco I. Madero —figura de la 4T— que fácilmente podría ser atribuido al presidente López Obrador, porque Madero quiso ser muy ocurrente, dicharachero, bromista y cuenta chistes y el resultado fue fatal.

El 7 de noviembre de 1911, El Diario, periódico que circulaba por entonces en la Ciudad de México publicó las palabras que el presidente Madero dio ante la sociedad Unión y Armonía, del ramo de los panaderos, (se vale reír): “La mitología antigua de las naciones que existieron en remotos tiempos, anteriores a la democracia, tenía una divinidad que se llamaba Pan; la religión católica… , tiene dos santos, San Pan-taleón y San Pan-cracio, que son dos columnas que sostienen el culto como sostenemos los beneficios del sufragio efectivo nosotros.

“La ominosa dictadura, que es siempre un reflejo de la falta de libertad, en los países que no están como el nuestro, aptos para la vida cívica, lleva al pan-teón los ideales por los que yo tanto he combatido.

“Pero, ciudadanos, yo que he dado a ustedes la no-reelección, he multiplicado el milagro de los panes, os he salvado del Pan-amá científico y he derramado en las masas del pueblo la levadura de mi popularidad. Al obrar así he demostrado que poseo la ciencia y energías; que tengo pan-dectas y también pan-talones.

El gobierno de mi cargo, ahora que el horno está caliente, quiere hacer muchas cosas, entre ellas el mejoramiento de las panaderías de vuestro cargo; porque ya saben ustedes que en donde no hay harina todo es mohína y que los duelos con pan son menos. Para ellos necesito del apoyo del pueblo que tanto ha sufrido.

La nación que se alimenta con buen pan francés, sabrosos birotes, roscas de manteca suculentas y cachuchas de buena calidad, es merecedora de un gobernante noble. ¡Honrados labradores del amasijo!: seguid amasando el porvenir de la patria!”.

Afortunadamente para la historia mexicana, Madero nunca pensó en realizar mañaneras.

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/CR

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