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Lomelí

Lomelí

Columnas miércoles 17 de julio de 2019 - 00:53

Desde el principio, la figura de los súper delegados se ha caracterizado por su irregularidad en la tradición jurídica mexicana, que expresamente prohíbe la figura de jefes políticos por encima o en competencia con los gobernadores de las respectivas entidades de la República. La experiencia del porfiriato dejó muy malos recuerdos de los jefes políticos. La necesidad del federalismo tiene su fundamento en la historia de México.

La renuncia del super delegado Lomelí en Jalisco es un signo positivo sobre lo que pueden lograr las presiones de la sociedad civil y un grupo de periodistas de investigación. Ya sé que el gobierno y la Secretaria de la Función Pública en particular presumieron por todo lo alto el inicio de investigaciones oficiales contra el super delegado. No importa que las sospechas y los fundamentos contra las conductas indebidas de Lomelí se hayan publicado en la prensa desde hace varios meses. Que se lleven el crédito los funcionarios correspondientes si la conducta se sanciona. Lo importante es que se castiguen este tipo de comportamientos y se cumpla la promesa de reducir la impunidad.

La victoria política es desde luego, para Enrique Alfaro, gobernador de Jalisco, quien no nada más denunció los potenciales conflictos de interés de Lomelí, sino que, al conseguir su renuncia, se quita de en medio un adversario político y electoral. Ahora bien, Lomelí renunció al cargo, pero falta esperar el resultado de las investigaciones pertinentes que conducirá la doctora Irma Eréndira Sandoval. No sabemos si se determinará la culpabilidad de Lomelí, si habrá multa o incluso sanciones penales. Por el momento, existe la presunción de inocencia, aunque francamente sería muy extraño que una investigación no encuentre nada reprochable en los numerosos familiares del ex super delegado ligados a las mismas empresas que venden medicamentos al gobierno. Resultaría sumamente penoso contemplar el regreso de Lomelí al cargo exonerado de todo señalamiento.

La señal hacia el futuro es interesante, por decir lo menos. Queda demostrado que los súper delegados no son invencibles o inamovibles. Sorprende que la Conferencia Nacional de Gobernadores, tan combativa en sexenios anteriores, no se haya pronunciado más firmemente contra los súper delegados. Será cosa de ver si después de lo ocurrido con Lomelí, algún otro mandatario estatal se anima a enfrentar abiertamente a estos supervisores que les pusieron. Una golondrina no hace verano, pero sí establece un precedente.

Si la oposición quiere construir un porvenir cualquiera en México, tiene que dar las batallas conducentes en la esfera política local. Por el momento, la figura de López Obrador sigue inconmovible en su popularidad frente a los embates de sus propios errores. Es preciso evidenciar el desorden de Morena como partido en los municipios y estados. El ejemplo ya lo puso Jalisco con la renuncia de Lomelí.

•Internacionalista y analista político:
@avila_raudel

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/CR

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