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Los Lozoya y los testigos

Los Lozoya y los testigos

Columnas viernes 02 de agosto de 2019 - 02:44

La detención de la madre de Emilio Lozoya Austin, una mujer de 71 años, en Alemania es uno de los pliegues más estremecedores de la indagatoria que se sigue contra el exdirector de Pemex y que lo tiene en calidad de prófugo de la justicia desde hace unos meses.


Por lo pronto, un juez concedió la suspensión definitiva para que Gilda Austin no sea detenida, ya que los delitos por los que se le acusa no son graves.

Los fiscales consideran que es responsable de depósitos, en sus cuentas, que tendrían que ver con la trama de Odebrecht. Su hijo, como argumento central de en su defensa, ha señalado que las trasferencias ocurrieron años antes de que él fuera servidor público. Esto lo respondió en un cuestionario a Quinto Elemento Lab, en el que también insiste en la legitimidad de su riqueza y argumenta que la residencia que compró en 2.58 millones de francos suizos fue adquirida meses antes de entrar al gobierno de Enrique Peña Nieto.

Para Lozoya Austin, los señalamientos en su contra provienen de testigos protegidos, “que pueden decir cualquier cosa a cambio de beneficios” procesales.

Esta es quizá una de las zonas más débiles de la investigación que existe en contra de Lozoya Austin, por lo que respecta a los supuestos sobornos provenientes la empresa brasileña.

Pero también hay que tomar en cuenta que toda la trama de corrupción montada por Odebrecht provino, en principio, de delaciones y de soplones que ahora trabajan para las autoridades brasileñas.

Lozoya, por lo que se percibe, quizá esté pensando en afianzar toda una estrategia mediática que lo ayude a colocar otra narrativa en la que se vuelva la vista sobre otros involucrados en los manejos dudosos en Pemex.

Ya su abogado, el penalista Javier Coello Trejo, ha señalado que se revelarán nombres de personajes que tendrían una responsabilidad en negocios proyectos que no necesariamente favorecieron a la petrolera.

Mientras esto ocurre, los grupos que integraron el antiguo gobierno parecen desarticulados y poco capaces de hacer frente a una situación que, por lo visto, los rebasa.

Lozoya Austin encarna, para su mala fortuna, uno de los perfiles más detestados por una ciudadanía cansada de la corrupción y por ello capaz de aceptar cualquier historia sin ponderar en sus fisuras.

Es el costo de los años de euforia, de las previsiones que hacían para durar décadas despachando en dependencias de gobierno y aprovechando todas las facilidades y hasta excesos de los que puede dotar el poder.

La familia Lozoya, por ello, es el centro de los tentáculos de una dinámica que ya excede, inclusive, a sus propios impulsores y que puede tener finales no esperados o hasta imprevistos.

•Twitter: @jandradej

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/CR

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