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Los contradictorios

Los contradictorios

Columnas jueves 20 de junio de 2019 - 02:56


México es un país contradictorio. No lo es porque esté obligado a serlo.

Pero, últimamente, parece que sus habitantes se ejercitan todos los días en el arte de la contradicción. Si se me permite el juego de palabras, lo cierto es que, tanto para las naciones como para los individuos, vivir en la contradicción permanente es un modo desgastante de vivir. Y así vivimos.

No pretendo en esta columna hacer caso omiso a la lacerante desigualdad que contribuye a tanta contradicción. México es un país quebrado.

Separado en miles de sociedades en perpetua contradicción con ellas mismas y con las demás. Quizás habría que aceptar a la contradicción como el único método de vivir en un país tan diverso de todo.

Por el contrario, en esta columna me refiero a contradicciones particulares. En este espacio de palabras, reduzcamos la complejidad del país a una serie de contradicciones mínima. Como una eficaz simplificación, dividamos a México en dos. De un lado estarán quienes apoyan, en general, a López Obrador y a su Gobierno. Del otro estarán quienes no toleran escuchar su nombre más que para hacer una crítica insidiosa.

Entre los fans de López Obrador está la contradicción de una defensa que se niega a ver la realidad. Convencidos en su diagnóstico de país, prefieren ignorar los errores de López Obrador para justificarlos en el nombre de un cambio. Como si repetir los errores del pasado pudiera ser, de alguna forma, una mejora.

Las defensas a López Obrador son casi siempre a ultranza. Incluso en la comunicación de Gobierno, el tono es cercano al arrebato de un machito peleonero que se sobrepone a cualquier crítica con la estertórea voz de quien amenaza una pelea. El tono aguardientoso deriva del poder que mantendrán por cincoaños y medio más. La lejana vigencia de su poder inspira confianza. Sin embargo, como el sempiterno arquetipo del machito peleonero nos recuerda, en la bravuconería crecen inequívocas varias formas de inseguridad.

Tampoco quienes se oponen a López Obrador dejan del lado el arte de la contradicción. En su vociferante amor por México, pareciera que prefieren que le vaya mal al país con tal de demostrar que tenían la razón.

Un ejemplo fue la turbulenta reacción pública sobre la negociación de aranceles con Estados Unidos.

Por más difícil que sea aceptar las acciones de un Gobierno en el que cerca de un cuarto de los mexicanos desconfían, según los últimos sondeos, nadie en su sano juicio puede desear que le vaya mal a México.

Vivir en la contradicción desgasta, sobre todo, nuestra forma de entender la realidad. Dividida la sociedad mexicana en sus propias contradicciones, llegamos a una discusión pública sin puntos de encuentro. Si queremos reducir nuestras contradicciones, quizás habría que empezar a crearlos.

•Especialista en comunicación pública.
Tw: @Torhton

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/CR

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