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Los funerales de Nervo

Los funerales de Nervo

Columnas lunes 27 de mayo de 2019 - 02:45


El veinticuatro de mayo pasado se ajustaron cien años de la muerte de Amado Nervo, el “poeta máximo nuestro…nuestro as de ases” en términos de Ramón López Velarde. Murió Nervo, en la habitación 43 del Parque Hotel, en Montevideo Uruguay, de una aguda nefritis, poco después de haber asumido su responsabilidad como Embajador de México en ese país y en Argentina.

Durante muchos años se le regateó mérito literario. Parecía que la popularidad reñía con su calidad de Poeta.

Tuvo que ser Jorge Luis Borges, en un discurso pronunciado el 24 de mayo de 1969 en el teatro nacional Cervantes de Buenos Aires, con motivo del cincuentenario de la muerte del Poeta, quien lo reivindicara y, junto con él, al modernismo, en tanto movimiento latinoamericano que inspiró a Europa, a los dos Machado y a Juan Ramón Jiménez y que ha encontrado síntesis en la grandeza de Rubén Darío: “(…) nosotros los latinoamericanos estábamos más cerca de Francia y más cerca de Edgar Allan Poe que los españoles”.

Pero algo hay, dice Borges: “(…) que distingue a Amado Nervo, y es que a este fenómeno, a este hecho del modernismo, debemos agregar otro: la existencia de una figura y también de un arquetipo que acaso se ha perdido ahora: la idea del Poeta como un tipo especial de individuo que más allá de sus virtudes o no virtudes personales es un miembro de la sociedad (…)”.

Y es a este arquetipo del Poeta, “el más popular”, al que se le rindieron los homenajes fúnebres más impresionantes de la época. En 1944 escribía Bernardo Ortíz de Montellano: “Ni héroe ni rey alguno, menos un poeta, han recibido nunca los honores funerales que durante seis meses, tiempo que duró el traslado de sus restos a la capital mexicana le rindieron a su paso los pueblos de América.”

El 13 de noviembre, relata Héctor de Mauleon, “el gobierno decretó luto nacional, veinte mil personas acompañaron el féretro desde la estación hasta el edificio de relaciones exteriores, completamente decorado por la agencia Gayosso, donde se amontonaban 650 coronas y miles de arreglos florales…las tropas presentaron armas…las mujeres arrojaron rosas. Nervo fue sepultado al día siguiente. No se recordaba éxtasis fúnebre semejante. Casi trescientas mil personas integraron el último cortejo”.

Amado Nervo sigue siendo un poeta popular. ¿Quién no ha escuchado los versos de “En paz”? “ Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo vida/porque nunca me diste ni esperanza fallida/ni trabajos injustos, ni pena inmerecida/Porque veo al final de mi rudo camino/Que yo fui el arquitecto de mi propio destino…/ Amé fui amado, el sol acarició mi faz. Vida, nada me debes! Vida, estamos en paz”.

Quiero detenerme en uno, que recoge Juan Domingo Argüelles, menos conocido: “Mi México. Nací de una raza triste/de un país sin unidad/ni ideal ni patriotismo/mi optimismo/es tan solo voluntad/obstinación en querer/con todos mis anhelares/un México que ha de ser/a pesar de los pesares/y que yo ya no he de ver…”.



•Excomisionado Nacional
de Seguridad: @Ley13091963

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/CR

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