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Los hombres del presidente

Los hombres del presidente

Columnas jueves 23 de mayo de 2019 - 02:37


A nuestra clase gobernante le encantan los extremos: o tenemos un “gabinetazo” como se le quiso llamar al que nombró Vicente Fox porque unos headhunters, en teoría, eligieron a los mejores hombres y mujeres para integrar su gabinete —aunque terminó siendo conocido como el gabinete Montessori, porque cada quien hacía lo que quería— o pasamos al otro extremo, a un gabinete que es incapaz de cuestionarle algo a nuestro amado líder y de manera unánime le aprueba todo.

La renuncia de Germán Martínez es el pretexto ideal para hablar de los hombres del presidente. Como lo hemos visto desde el inicio del nuevo gobierno, una vez que corrió la noticia de la renuncia del otrora director del IMSS, los fanáticos de la 4T lo llevaron al quemadero de la inquisición y lo acusaron de traidor, fifí, “al fin panista”, “hijo de Calderón”, “mentiroso” y algunas otras sutilezas.

La letanía de insultos ya no es noticia, pero dos temas son importantes: las razones que lo llevaron a renunciar

—todavía hay mucho que analizar al respecto— y el hecho de que es el primer funcionario de alto nivel del gobierno de la 4T que se atreve a renunciarle a nuestro amado líder y eso para muchos fue casi una afrenta.

Y es un tema importante porque ningún secretario de despacho del presidente; ningún senador o diputado de Morena, ningún hombre o mujer cercano al presidente se había atrevido a contradecirlo, a criticar alguno de sus proyectos o alguna de sus políticas o simplemente a mostrar su desacuerdo públicamente.

Como ya es costumbre, nuestro amado líder tenía otros datos y no le dio tanta importancia a las razones de la renuncia —aunque sí lo lamentó—, argumentó que estaba en su derecho y ratificó que quiere en su equipo de trabajo hombres y mujeres libres y no “peleles sin criterio”. Y luego sobrevino la clase de historia: Juárez y las diferencias con su gabinete.

Habría que recordarle a nuestro amado líder que Juárez tuvo muchas diferencias con su gabinete y con sus colaboradores cercanos porque permitía y aceptaba las críticas, pero sobre todo porque sabía escuchar.

Don Benito no se levantó un buen día en Veracruz, en 1859 y mientras se estiraba en su cama dijo: “hoy quiero nacionalizar los bienes del clero y crear el matrimonio civil”.

Se sabe que en la redacción y decisión de promulgar las leyes de Reforma la participación de Melchor Ocampo fue fundamental, incluso Juárez llegó a tener dudas sobre la nacionalización de los bienes del clero, pero el empujoncito final se lo dio Ocampo.

Ocurrió algo similar en 1867, una vez que Maximiliano fue sentenciado a muerte, Juárez tuvo dudas sobre su ejecución, pero estaba ahí Sebastián Lerdo de Tejada, el duro, y le dio los argumentos suficientes que don Benito escuchó atentamente y actuó de acuerdo a la ley.

Y es cierto, varios de sus hombres cercanos rompieron con Juárez por sus diferencias en la manera en que ejercía el poder. En 1865, en plena guerra contra la intervención y el imperio, Juárez decidió autoprorrogar su mandato hasta que la república triunfara; Guillermo Prieto, amigo, colaborador, hombre de todas sus lealtades, se opuso a la decisión de Juárez bajo el argumento de que violaba la Constitución y terminaron separándose. Don Benito no perdió el sueño y el tiempo le dio la razón.

A pesar del autoritarismo presidencial que padeció México entre 1946 y 1994, los presidentes todopoderosos reconocieron que no se las sabían todas y llamaron a sus respectivos gabinetes a gente con el conocimiento y experiencia necesarios, supieron escucharlos y respetar sus recomendaciones, sugerencias u observaciones.

Quizá el caso más notable fue el de Antonio Ortiz Mena, quien primero fue director del IMSS durante el sexenio de Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) y luego se echó 12 años ininterrumpidos al frente de la Secretaría de Hacienda, con Adolfo López Mateos (1958- 1964) y con Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), Ortiz Mena fue el artífice del llamado “milagro mexicano”, la gran época de bonanza económica de la segunda mitad del siglo XX.

No necesitamos un gabinetazo, ni un gabinete Montessori, queremos hombres y mujeres libres y no peleles sin criterio, ojalá que nuestro amado líder lo pueda cumplir.

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/CR

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