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Los nuevos fideos de Marco Polo
Los nuevos fideos de Marco Polo

Columnas jueves 04 de abril de 2019 - 02:10


Hace dos semanas, el 23 de marzo, el presidente del gobierno italiano Giuseppe Conte recibió al presidente de China, Xi Jinping. Se trata de la primera visita de un jefe de Estado chino a la antigua capital del imperio romano. En esa ocasión, Conte suscribió un acuerdo con su par chino para sumarse a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (“One Belt, One Road”, OBOR, en inglés). Este proyecto de la segunda potencia económica mundial busca integrarla eficazmente con el resto de Asia, con Europa y con África, por medio de un programa ambicioso de infraestructura.

Italia es el primer Estado del Grupo de los Siete —y el tercero en el Mediterráneo— que se suma a la OBOR. Un signo patente de la erosión del liderazgo estadunidense en el mundo. El gobierno italiano, sin considerar la opinión de la Unión Europea (UE) o de sus socios en lo individual, tiene como objetivo convertir a su principal puerto, Trieste, en el punto de entrada de bienes chinos, de manera similar a Hong Kong o a Singapur. En medio de una recesión que ha limitado el crecimiento de la economía nacional, el plan parece estupendo al gobierno de Giuseppe Conte.

Sin embargo, como era de esperarse, Washington y Bruselas no ven con buenos ojos la decisión. Estados Unidos no tiene interés de que empresas chinas participen en ámbitos como la defensa y las telecomunicaciones, cuyo control es vital para mantener a la OTAN. La UE ve en riesgo la solidez de su mercado único y de su acervo común en asuntos políticos, económicos y sociales. Por lo anterior, la Comisión Europea ha insistido que la cooperación entre Roma y Pekín debe cumplir con las normas, los requisitos y los estándares comunitarios. A los gobiernos de los principales socios comerciales de Italia —Alemania, España y Francia— les agobia que esta medida sea “el caballo de Troya” que abra las puertas al expansionismo chino, que creían contenido a países pobres de otras regiones. En Europa, la inversión china se ha dirigido principalmente al sur. Recientemente adquirió el puerto del Pireo, el más grande de Grecia.

El caso de Italia, una de las diez economías más importantes del mundo, un actor político relevante en Europa y una fuente de inspiración en el mundo por la belleza y exuberancia de su patrimonio, debe obligar al resto de los países miembros de la UE a reconsiderar el alcance del proyecto de integración europea. Si se pensó antes que la amenaza geopolítica más clara era el poder militar de una Rusia hostil, las potencias europeas deben asumir que no escaparán a las pretensiones de China de constituirse en uno de los polos del nuevo orden mundial.



•Internacionalista, especializado en diplomacia europea. Twitter: @carlospeimbert

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/CR

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