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Lowry Habla Sobre Melville

Lowry Habla Sobre Melville

Entornos jueves 01 de agosto de 2019 - 04:45


POR DELIA JUÁREZ G.

El viaje que nunca termina (1926-1957) es el nombre de la reunión de cartas que seleccionó, tradujo y prologó para Tusquets Carmen Virgili. En 1950, viviendo en Canadá, Lowry le escribió una carta singular por su contenido a Dereck Pethick, un escritor canadiense que preparaba un programa radiofónico y que encontraba similitudes entre Moby Dick de Melville y Bajo el volcán de Lowry. En ella reveló algunas claves de ambas obras.

A Derek Pethick Dollarton, B.C.

Canadá 6 de marzo de 1950

Querido señor Pethick:

Le agradezco mucho su carta y me halaga que vaya usted a hablar por la radio del Volcán. También me complacen su interés por el libro y sus comentarios.

Aunque no tiene usted toda la razón en lo que se refiere al Volcán, se trata no obstante de una extraordinaria muestra de perspicacia por su parte, porque lo que dice sería en gran medida cierto si se aplicara a un libro que ahora no existe, y del cual no puede usted haber tenido noticia, ya que el Volcán fue planificado como la primera parte de una trilogía, y la tercera parte, a la que me refiero, quedó totalmente destruida en un incendio que arrasó nuestracasa hace unos años... Construimos otra casa sobre las cenizas, no obstante.

Mi mujer dice que sería más cierto afirmar que, en el Volcán, el cónsul tiene más relación con la propia Moby Dick que con Ahab. Pero no fue planificado siguiendo el modelo de Moby Dick (el libro), que no estudié hasta fecha muy reciente (y que no me pareció suficientemente duro).

La identificación, si la hubo por mi parte, fue con el mismísimo Melville y con su vida.

En parte porque yo he sido marinero, en parte porque mi abuelo fue patrón de un buque de vela que se hundió con su buque. Melville también tuvo un hijo llamado Malcom que, simplemente, desapareció; en fin, por razones como ésas, puramente románticas, pero sobre todo por su fracaso como escritor, y en general, por toda su trayectoria. Por algún motivo, su fracaso siempre me fascinó de un modo absoluto, y me parece que desde muy temprana edad tomé la decisión de emularlo en todo lo posible.

[…]

Ahora tendré que empezar de nuevo por el principio. La verdad es que nunca he entendido del todo el hecho de que Moby Dick sea una parábola política, aunque puedo entender que Ahab (por lo menos a los ojos de mi abuelo)sea, en gran medida, un criminal. Me parece recordar que Starbuck y unos pocos de la tripulación pensaban lo mismo de Ahab, pero a mí me parecía que los deseos de la venganza de este último era algo que los demás compartían hasta el punto de que creo que el grues de la tripulación arrostraba trabajos y peligros no sólo para satisfacer los deseos de venganza de Ahab. ¿Y qué me dice de los arponeros? Sí, ¿qué me dice de ellos? No estoy muy seguro del terreno que piso, pero nunca había considerado el libro desde este punto de vista.

[…]

El Volcán es, no obstante, y en esto tiene usted toda la razón, en cierto sentido, una parábola política; en realidad, ése fue su origen; el capítulo 8 fue el primero que escribí, hace casi quince años, aunque no pretendía sugerir la idea de que el futuro pertenece necesariamente a esos trabajadores mexicanos, ni a nadie en realidad, a menos que medie la auténtica caridad y que la decencia y la dignidad del hombre se restablezcan. La policía es por supuesto la maldita policía de la actualidad, pero es también “Intromisión”, es decir, interferir en la vida privada de la gente. El tema del confidente, del soplón, actúa en ambos sentidos […] ¿Y qué me dice usted del cónsul? ¿Fue bueno el intervenir en su caso? Bien, yo tenía la intención de redimir de varias maneras a ese pobre tipo a lo largo de la trilogía, pero el destino acabó con esa idea...

[…]

El libro da por sentado de algún modo —con cierta justicia filosófica— que el antepasado de todos nosotros era, quizás, un mago.

[…]

Para terminar, han ocurrido cosas curiosas e interesantes relacionadas con el libro (como ocurrió con Moby Dick, por cierto: mientras [Melville] lo escribía, una ballena hundió un barco.

El desastre se cebó con el Acushnet, el modelo del Pequod). Después de la guerra, a finales de 1945, volví de nuevo a México con mi mujer: por pura coincidencia, nos encontramos viviendo en el modelo de la torre de M. Laruelle, en Cuernavaca, ahora convertida en apartamentos. Fue el único lugar en que encontramos algo en alquiler. Empecé el libro entre 1936 y 1938, cuando estaba en México. La noticia de que el libro había sido aceptado —tanto en Inglaterra como en Estados Unidos— llegó el mismo día, en febrero de 1946, procedente de diferente editoriales con sede en países distintos, a esa misma torre, en México, y me la entregó el mismo cartero que aparece como personaje en el capítulo 6.

[…]

Por último, muchas gracias por su interés en el libro —con frecuencia resulta bastante descorazonador ser escritor en Canadá—. Alguien puso el Volcán en el Libro del Año 1948-49 de la Enciclopedia Británica, diciendo que era obra de un escritor canadiense, y situándolo por encima de lo que entonces se escribía en Norteamérica, pero aquí jamás oí una palabra sobre ello. A decir verdad, aparte de algunas palabras amables de [Earle] Birney y Dorothy Livesay, cuanto he recibido es un informe sobre mis derechos de autor, donde dice que las ventas en Canadá desde finales de 1947 hasta 1949 fueron exactamente dos ejemplares. El Sun publicó únicamente unas pocas líneas de agencia de prensa calificándolo de ampulosa novela de autodestrucción, no recomendable para el avisado (o algo parecido) lector. Esto por lo menos es melvilleano. […]

Un cordial saludo, Malcom Lowry

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YC/CR

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