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Lozoya: Cuando se rompe la Omertá

Lozoya: Cuando se rompe la Omertá

Columnas jueves 13 de junio de 2019 - 03:41


El mecanismo establecido por Marcelo Odebrecht parecía perfecto, porque se estructuraba a partir de la complicidad en los más altos niveles. Nadie estaba en riesgo, porque existía una especie de omertá, la ley del silencio de la mafia.

Pero en la vida nada es para siempre y un buen día, después de múltiples presiones, el empresario brasileño habló y no paró e inclusive obtuvo el beneficio de la prisión domiciliaria.

Como castillo de naipes fueron cayendo mandatarios de toda América Latina que entraron en sus juegos y que recibieron, según las indagatorias, altas gratificaciones por hacerlo.

El expresidente peruano, Alan García, se pegó un tiro en la cabeza, por el que falleció, y dejó una carta en la que defendió su inocencia. Su muerte, trágica y contundente, mostró las tripas de una indagatoria con alcance mundial, pero no siempre con horizontes claros.

Algo así está ocurriendo con Emilio Lozoya, aunque hasta ahora no se sepa si es culpable de algún delito, o si es víctima de toda una trama orquestada en su contra y que inclusive podría provenir de quienes fueron sus adversarios dentro del círculo cercano del entonces presidente Enrique Peña Nieto.

Es más, su implicación con Odebrecht es, hasta ahora, una especulación, una hipótesis que se divulgó en los medios y que tratan de cuadrar los investigadores, pero que no ha sido motivo de consignación alguna. El tema, sin embargo, pesa y mucho.

Lo que ya tenemos claro, es que se convirtió en prófugo de la justicia, una vez que decidió no acudir al juzgado para aclarar las imputaciones que la Fiscalía General de la Nación (FGN) tiene en su contra y sobre todo las que se refieren a la compra de Agro Nitrogenados.

En su huida, Lozoya ha dejado claro que está dispuesto a hablar y a señalar a todos los que conocieron y supieron de lo que ocurría en Pemex. Nada nuevo en los amagos que ya había anunciado su abogado hace unas semanas, pero a los que habría que añadir la verosimilitud de quien se encuentra con el agua en los aparejos.

A estas alturas, el expresidente Peña Nieto debe de estar arrepentido de haber procedido en contra de Lozoya, pero el exdirector de Pemex también. Me explico. Les hubiera valido más, a ambos, el entrar en el laberinto de los juzgados antes, con el poder político de su parte, y con la capacidad de establecer hasta dónde llegarían las acusaciones y las revelaciones.

Es tarde para ello, y la rueda de la fortuna empezó a girar. Lozoya, por lo pronto, encarecerá su entrega, y ésta puede significar un cierre, todavía más bochornoso, para lo que queda del peñismo y sus alrededores.


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/CR

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