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Maravillosa
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Columnas miércoles 15 de mayo de 2019 - 01:53


Ser fotógrafo no implica siempre tener la misma suerte como la de aquella tarde en donde esperaste un atardecer y tu foto fue bien recibida en redes sociales o bien, en tu periódico o revista decidieron publicarla.

Lo que sí, es que quienes salimos con la cámara como un aditamento necesario al cuerpo, pensamos que puede ser un día con la misma o mejor suerte que ayer. A veces funciona, a veces no.

Salir a tomar una fotografía fuera de la cotidianidad o de la ardua agenda del medio, siempre cuesta más trabajo, porque el tiempo se acorta y actualmente cuando más cansados estamos por cualquier mínimo esfuerzo, nos vuelve más complicado ir a tomar lo natural, lo espontáneo, y aún más, sabiendo que quizá no nos pagarán como una orden fija.

Pero son esas escapadas las que la mayoría de las veces, nos recarga de energía personal para respirar, y sentir que tuvimos un mínimo espacio para nosotros mismos y para nuestro ojo, en particular.

La rutina, el tiempo en tráfico, las horas en ruedas de prensa, o el tiempo muerto entre una orden u otra, nos agobian y nos hacen perder la emoción de aquella primera vez cuando llegamos con nuestra cámara a la oficina y esperábamos con ansias la primer orden y qué mejor, correr a la mañana siguiente para hojear el diario o la revista y ver publicada nuestra imagen con el crédito a un lado, ese que tenía nuestro nombre.

Todo esto reflexioné ante esta mágica imagen de la inglesa Hannah Mckay, de quien ya hemos presentado su trabajo, aquella imagen de un migrante intentando subir el muro de barrotes de acero en la frontera de Tijuana y Estados Unidos.

Hay una frase popular del fotógrafo William Albert Allard, donde hace énfasis en pedirnos más como fotógrafos, y salir a buscar esas imágenes que nadie o pocos pueden lograr y la manera de conseguirlo es tomar tu equipo e ir por ello.

Así esta hermosa postal, donde el atardecer colorea la zona financiera y el The Shard, ese edificio puntiagudo que vemos a la izquierda y una parte del camino del parque Richmond, donde vemos pasar a un ciclista.

Como si el sol se escondiera detrás de todos esos árboles y el ciclista pedaleara a toda velocidad para alcanzar los últimos rayos de sol, antes de adentrarse en las sombras del anochecer.

Hannah observó detenidamente para elegir su encuadre, y esperó para lograr una composición perfecta.

Aguardó para crear una escena que igualara el momento decisivo de Cartier-Bresson, o como bien decía el francés Flaubert , “cualquier cosa observada detenidamente se vuelve maravillosa”.

Hannah sigue su intuición a la hora de que toma su cámara y sale a fotografiar, se nota en su trabajo diario, como si compusiera en su imaginación y después las hiciera realidad.

Siempre limpias y con un detalle que resalta como su punto de interés, o como también dijo Pasteur, “el azar favorece sólo a las mentes preparadas”, y Hannah tiene la paciencia y la técnica para capturar postales como estas.

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/CR

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