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Más allá de la inclusión financiera

Más allá de la inclusión financiera

Columnas viernes 03 de mayo de 2019 - 02:36

Si realmente se quiere progresar en la inclusión financiera para las poblaciones de más bajos recursos dentro de los países en desarrollo y emergentes no basta invertir en la masificación del uso de la tecnología en los servicios financieros, primero se requiere entender la situación inicial de educación financiera de la población y un plan detallado de cómo paso a paso y mano a mano se incrementarán en paralelo las capacidades de uso de productos financieros y la infraestructura requerida; sólo así se tendrá un progreso sostenible de la población más marginada sin quedarse solamente en el concepto de inclusión.

El continente Africano ha sido el referente mundial en la inversión consistente para atacar el problema de acceso a recursos financieros para la población más pobre. Países como Nigeria y Kenia, en donde sus respectivos bancos centrales han abierto el sistema bancario de pagos a empresas no financieras, les ha permitido operar millones de transacciones en pagos beneficiando a personas que no poseen una cuenta de banco. Al ser un segmento poco rentable para el sistema bancario tradicional y no poder tener presencia física en cada rincón, se ha incrementado la inversión en empresas no financieras para atender el sistema de pagos.

El inicio del programa de inclusión financiera de Nigeria y Kenia tiene sentido al enfocarse en el elemento económico de necesidad más básico, la recepción y transferencia de dinero para poder hacer transacciones comerciales. Han estado trabajando de forma consistente, cerciorándose que el siguiente paso hacia una inclusión financiera sostenible sea el correcto.

En un reporte del 24 de abril publicado por el Banco Mundial titulado “Financial Inclusion Beyond Payments: Policy Considerations for Digital Savings” examina los productos digitales de servicios financieros orientados hacia ahorros a más largo plazo. Estos productos, aunque todavía no están maduros, tienen el potencial de promover un elemento importante de la inclusión financiera digital.

El estudio destaca que el reto para que estos productos puedan ser aprovechados por la población de más bajos ingresos se observan al ver que “existen brechas significativas en las regiones en desarrollo entre la proporción de adultos que ahorran y los que ahorran en una institución financiera. Las brechas se deben, en parte, a la percepción entre las personas de bajos ingresos de que sus ahorros no son lo suficientemente grandes como para justificar un producto de ahorro en una institución financiera, lo que puede conllevar tarifas de mantenimiento, requisitos de saldo mínimo y altos costos de acceso indirecto.”

La tecnología digital tiene el enorme potencial de abaratar el acceso a los productos financieros, pero no es suficiente sin un programa sólido de educación financiera que construya al mismo tiempo una disciplina de administración del dinero: ingreso, pago, ahorro, crédito y finalmente inversión. Como sabiamente dicen, es mejor enseñar a pescar y eso ayudará a trascender generaciones.

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/CR

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