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Mélenchon y su postal mexicana

Mélenchon y su postal mexicana

Columnas lunes 29 de julio de 2019 - 02:09

Jean-Luc Mélenchon estuvo en México.

No es cualquier visita. El líder de Francia Insumisa representa a un sector radical del socialismo francés y a una de las ramas del viejo Partido Comunista, pero algo más.


En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en su país, se negó a manifestarse por el voto a favor de Emmanuel Macron. Jugó con fuego porque esa posición significó un guiño para la ultraderecha y para Marine Le Pen.

En las urnas la decisión era tan sencilla como trascendente: la continuidad de la República y su tradición liberal o la llegada del nacionalismo anclado en la vuelta a la Francia gloriosa y en el repudio a los extranjeros, a los migrantes, a los distintos.

Mélenchon sabía lo que hacía, porque en el fondo coincide con la líder del Frente Nacional (Agrupación Nacional) en su fobia por la Unión Europea y la OTAN, mientras ambos se promulgan por políticas económicas proteccionistas.

Sami Naïr escribió en El País: “El populismo, en realidad no tiene ideología fija, es toda una estrategia de conquista del poder y la izquierda, al utilizarlo, se vuelve inevitablemente reaccionaria”.

En efecto, la pujanza de los populistas europeos se desenvuelve con facilidad en escenarios de sociedades divididas y de ataques constantes a las élites. A la izquierda y a la derecha del péndulo, se encuentra una voluntad de hacer cuentas para castigar a las burocracias y a sus privilegios.

La vida en los extremos propicia los encuentros. Mélenchon y Le Pen sólo son posible en el populismo.

Después de todo, Francia Insumisa y el Frente Nacional, terminaron por seducir a un mismo electorado: el obrero y el de orígenes populares, donde hay un voto que se traslada y que puede tener convergencias en el futuro. Esto es uno de los escenarios más inquietantes para Francia y para Europa.

No sería la primera vez, y quizá no será la última, en que la izquierda radical se suma a proyectos que la contradicen o inclusive la niegan. Mélenchon se dijo maravillado con la 4T y la ve como una esperanza para el mundo entero. Ignoro si esto se debe de procesar como un elogio. Es difícil saberlo, porque las apuestas de Mélenchon son cambiantes y difusas.

Como político de raza, calcula y le habla al votante francés, y le muestra símbolos y esperanzas que, por momentos, pueden ser envenenadas, como las de su apoyo a Hugo Chávez y ahora a Nicolás Maduro.

Mélenchon se llevó postales y fotos de familia.

El Presidente de la República, pero también senadores, como Napoleón Gómez Urrutia. Es la valija de un viaje a una tierra prometida, a una nueva utopía que analizar desde París.

•Twitter: @jandradej

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/CR

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