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México de luto

México de luto

Columnas miércoles 06 de noviembre de 2019 - 00:27

El horror es insoportable. Conocer los detalles del infierno que vivieron los niños y mujeres de la familia LeBarón, es muy doloroso.
Niños desde los seis meses de nacidos, hasta el mayor de ellos, de 13 años, viviendo un ataque indolente, viendo morir a sus aterradas madres en la inhóspita sierra de los límites de Chihuahua y Sonora, es el peor de los cuadros que pudiera escribir el más desequilibrado guionista cinematográfico.
Pero es verdad, aunque más cruel y aterrador que las sangrientas películas: Seres indefensos calcinados.
No creo que se pueda imaginar por el dolor que pasa esa familia de mormones de ascendencia estadounidense, conocidos por ser muy prósperos y trabajadores en Chihuahua.
—Desde el extranjero México da vergüenza por su inseguridad— me dijo un amigo que se fue a estudiar a Australia. De lejos se ve sumamente descompuesto, corrupto y desorganizado, agregó mi paisano.
Y en Cuba, hace cinco años, me preguntaban si era verdad que los narcotraficante desmembraban gente. —Sí— les contesté. —Pero ¿Y el gobierno? ¿Qué hace el gobierno?—, fue la pregunta que no quise, ni supe contestar.
Y ahora ¿Qué podríamos decir como mexicanos ante los cuestionamientos externos por este multihomicidio de tres mujeres y sus hijos? Peor aún qué podemos explicarles al respecto a nuestros propios hijos, sobrinos, a nuestros niños cercanos…
Este hecho debe marcar un antes y un después, en todos, porque esos seres inocentes debían estar vivos, y no tener una muerte atroz, mientras que los menores sobrevivientes permanecieron horas solos, heridos, tirados en la terracería.
Es hora de impedir que esos criminales se sigan apropiando del país, de su riqueza y del miedo del pueblo, de los jóvenes pobres que aspiran a ser como ellos.
Echarse la culpa por la delincuencia actual en nuestra sociedad es infructuoso y desgastante, porque en realidad todos hemos aportado a esto que vivimos, desde la mordida al policía, el impago de impuestos, el consumo de piratería y narcoproductos, hasta el voltear la vista ante una injusticia.
Este debe ser el momento de frenar a estos delincuentes desalmados, incomprensibles en su actuar y objetivos, e imitar a los países que han podido controlar a la mafia que en algún tiempo alcanzó una gran fuerza. Es tiempo de tregua entre presidentes y expresidentes e ir por un plan B.

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/CR

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