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México no es Bolivia

México no es Bolivia

Columnas martes 12 de noviembre de 2019 - 01:18

Apenas hace unos días el Presidente Andrés Manuel López Obrador hablaba de golpe de Estado, hoy el debate regresa más fuerte, por la mala interpretación de lo ocurrido en Bolivia; pero sobre todo por el uso irresponsable e interesado que están haciendo de ese desafortunado evento, los sectores más conservadores del país.
Lo dice bien la Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum, a nadie le debería dar gusto un golpe de Estado. Pero eso no tiene sentido cuando la mayoría de los mexicanos no saben siquiera qué significa eso.
El concepto es realmente nuevo, sus características e implicaciones podríamos ubicarlas desde las primeras formas de gobierno y de manera más específica, desde la constitución de los actuales Estados Nación.
Sin embargo, golpe de Estado es el que dio el General Napoleón Bonaparte, con apoyo de su ejército, al directorio que gobernaba en 1799 a una Francia inmersa en las secuelas de su Revolución. Pero también, es un golpe de Estado el que en 1973 sacó del poder a Salvador Allende en Chile, y lo es el que derrocó con ayuda del Ejército al presidente egipcio Mohamed Morsi en 2013.
Veamos de manera sencilla qué podemos considerar como un golpe de Estado. El equilibrio entre los factores reales de poder que guarda toda constitución, como la concibe Ferdinand Lassalle, se rompe y uno o varios de aquellos poderes avasallan a los demás para imponer su dominio, derrocando a un gobierno democráticamente electo. Dicha acción se da por medio de la fuerza civil, política y/o militar. El resultado de dicha acción no genera el surgimiento de un nuevo Estado democrático, por el contrario, surge una tiranía, necesaria para mantener subyugados a los demás poderes. La ilegitimidad invariablemente hace indispensable el uso de la fuerza antes, durante y después del golpe.
En esencia, todo se cumple en Bolivia, en el fondo es un golpe de Estado. Algunos tratan de distraer con la forma en que se dio y atribuyen ciertas características que no corresponden a un evento de este tipo, para tratar de disfrazarlo de un hecho de justicia ante un fraude orquestado por el Presidente Evo Morales, para perpetuarse en el poder. Para ellos, es suficiente el hecho de que el Ejército no le haya arrebatado por la fuerza el poder, sino que el haberlo sugerido los limpia de su culposa intromisión.
Suponiendo sin conceder que, Evo Morales hubiera orquestado y llevado a cabo un fraude electoral, su mandato constitucional termina en enero próximo y existen mecanismos constitucionales para llamarle a cuentas y ponerlo ante la justicia. Nunca se debe permitir que un Ejército decida o sugiera cuándo un Presidente debe o no renunciar.
En México, el Presidente democráticamente electo, cuenta con una legitimidad que lo blinda de cualquier intento que quisiera imitar lo sucedido en Bolivia. Lleva apenas un año en el poder y ya ha dicho hasta el cansancio que no se va a reelegir, y aunque quisiera, nuestra historia nos ha demostrado que no es posible. Recordemos que justo eso fue lo que le costó la vida a Álvaro Obregón.
Bien hizo el canciller Marcelo Ebrard en concederle asilo político a Evo Morales. Mal hacen, aquellos que llaman a seguir los pasos de los golpistas bolivianos. Nadie en su sano juicio debería imitarlos. Pero lamentablemente, la ignorancia es capaz de todo, ya sufrimos una traición conservadora en la historia; no queremos otro Maximiliano, aunque fuera mexicano.



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