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Michoacán: La narrativa de la barbarie

Michoacán: La narrativa de la barbarie

Columnas lunes 12 de agosto de 2019 - 01:47


Como un huevo de serpiente, las autodefensas sirvieron para desmantelar a los grupos delictivos en Michoacán, pero que con el tiempo fueron infiltradas por bandidos, ahora disputan, junto a los cárteles de las drogas, las rentas criminales y en particular las que son producto de la producción y venta del aguacate.

A eso responde la ejecución de 13 personas y la puesta en escena de cadáveres colgando de un puente en una de las avenidas principales de Uruapan. Es la narrativa de la barbarie que tiene como principal objetivo el infundir miedo.

Desde 2013 las autodefensas se convirtieron en uno de los asuntos de mayor prioridad para el gobierno de la República. Tenía sentido, porque la violencia en Michoacán se había recrudecido y la sociedad se encontraba sin protecciones institucionales.

En una carta, de mayo de 2013, los obispos michoacanos, encabezados por el arzobispo Alberto Suárez Inda, señalarían que, “hay un permanente sentimiento de indefensión y desesperación, al que se añade el enojo y el miedo a causa de la complicidad, forzada o voluntaria, que se da entre algunas autoridades y la delincuencia organizada”. Y añadían que, “en ese contexto no nos extraña el surgimiento de las policías comunitarias, signo y consecuencia del hartazgo de la población”.

Después de ponderaciones y análisis, desde le Secretaría de Gobernación, se optó por apoyar a las agrupaciones que representaban, de modo genuino, a pobladores cansados de las extorsiones y del reinado oscuro que habían implantado Los Caballeros Templarios.

Aquello significó un trabajo social intenso y acompañado de acciones policiales puntuales. El 24 de enero de 2014 se firmó un acuerdo con las instancias de gobierno y seguridad federales y estatales, en el que dirigentes de las autodefensas se comprometían a institucionalizarse por medio de las Fuerzas Rurales, las Policías Municipales, registrando su armamento.

Cinco años después aquella foto es sólo un recuerdo, y la situación vuelve a ser compleja y peligrosa. Las preguntas siguen siendo las mismas y es poco probable que con respuestas semejantes a las del pasado se logre revertir la situación.

En el fondo, lo que se requiere es de instituciones fuertes que garanticen la seguridad ciudadana y que recobren los espacios de gestión perdidos ante las organizaciones delincuenciales.

Es urgente una acción de Estado eficaz, que desmonte los incentivos con que cuentan los bandidos y que permita la reconstrucción del tejido social.

No es sólo con la fuerza como se va resolver el problema, pero es evidente que tiene que utilizarse, dentro de los esquemas legales, pero con todas las herramientas que existen para lograr resultados, aunque sean modestos.

Los cadáveres colgados son un mensaje que la autoridad debe responder sin artilugios ni coartadas.

•Twitter: @jandradej

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/CR

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