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Migración y transformación

Migración y transformación

Columnas jueves 27 de junio de 2019 - 03:04

A finales de los años noventa, durante mis estudios de posgrado en la escuela de estudios internacionales avanzados de la universidad Johns Hopkins, tuve el privilegio de tomar el curso “Economía de la Migración” con una profesora de primer nivel, la doctora canadiense Tamara M.

Woroby. Su clase me marcó para toda la vida; y me brindó una perspectiva distinta sobre el fenómeno migratorio y su impacto económico en las naciones receptoras.

Algo que se me quedó muy grabado en la mente, fue la diferencia que se presenta en el progreso económico de los grupos migratorios, según sus diferentes nacionalidades. Por ejemplo, los cubanos expulsados por Castro después de la Revolución y que llegaron a Miami, llevaban consigo un bagaje educativo alto; lo que derivó en dos cosas importantes: La primera, fue que gracias a su preparación y esfuerzo lograron ascender en la escala social o cuando menos mantuvieron su estatus. La segunda, muy interesante, es que dos o tres generaciones después, los descendientes de aquella primera oleada, mantuvieron con orgullo el idioma y cultura de sus padres o abuelos; sin menoscabo del apego a los valores de su propio país (los Estados Unidos).

En contraste, aquellos migrantes empobrecidos y con un deficiente nivel educativo, desde luego logran, en la mayoría de las ocasiones, mejorar su calidad de vida. Sin embargo, al paso de la primera generación, pierden mucha de la memoria cultural de la tierra de sus padres. No pueden negar su origen, pero el idioma y hasta el orgullo de pertenecer muchas veces se desvanecen.

En cualquier caso, la migración es buena para las economías de los países receptores. El migrante, también lo aprendí con Woroby, es un elemento destacado en su sociedad original. Es uno que no se conforma con lo que tiene y lo arriesga todo por salir adelante; lo que al final se traduce en beneficios para quien lo acoge.

La reciente y desgarradora imagen del joven padre salvadoreño ahogado en el Río Bravo con su bebé en brazos lo confirma. Por eso , sin miedo a equivocarme puedo asegurar que nueve de cada diez migrantes dejan atrás familia y tierra para labrarse un porvenir y no para delinquir. Y ocupan espacios que muchas veces los de casa desdeñan. Pero incluso después, sus hijos o nietos llegan a ser astronautas, los hombres más ricos o presidentes de esas naciones.

México ha sido, a lo largo de su historia, bastante ambivalente en cuanto a su apertura hacia los extranjeros; pero lo que vemos hoy se sale completamente de cualquier comparación o antecedente. La transformación que pregona el gobierno, se ha hecho sentir de manera brutal en la nueva política migratoria; e igualmente quedó plasmada en una imagen para la historia: Esa de los soldados mexicanos haciendo las veces de la patrulla fronteriza; motivo de presunción por parte del vicepresidente Mike Pence.

La sociedad mexicana organizada debe tener altura de miras respecto a la crisis humanitaria que se nos viene encima; y proponer una nueva y diferente política hacialos migrantes: Una que sea generosa, inteligente y con prospectiva.


•Internacionalista, político, empresario y escritor:
@RudyCoen

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/CR

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