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Misioneros por Andrés
Misioneros por Andrés

Columnas lunes 22 de abril de 2019 - 02:20


Anoche tuve un sueño. Estaba reunido en un prado con una multitud cuando, del cielo, empezó a descender un hombre ataviado con una túnica y rodeado de una luz intensa pero amable, no dolorosa a los ojos. Era nuestro Padre, nuestro Presidente Eterno. Se detuvo frente a la multitud, luego de ese descenso pausado, y ya saben, compañerxs: con un rayo de luz que bajaba del cielo en plan reflector, onda cuadro renacentista. Proyectaba paz, como siempre.

Ese amor apacible por su Pueblo Bueno.

Qué digo Pueblo Bueno: por su grey. Hasta que alguien en la multitud preguntó algo sobre personas asesinadas en Veracruz y, con la furia del justo (no empiecen con chistecitos), gritó: “¡Sepulcros blanqueados! Antes entrará un camello por el ojo de una aguja que un fifí al reino de los cielos”.

Habrá sido la Semana Santa. Ustedes interprételo. La cosa es que este humilde escribano percibió una exacerbación de la religiosidad de nuestro Líder, y que esa exacerbación ha logrado permear esta alma incrédula, este espíritu forjado en el ateísmo. Y se me ocurrió una propuesta: ¿y si en vez de asumir posiciones neoconservadoras, tipo la división de la Iglesia y el Estado, actuamos como gente de izquierda, como progresistas, y asumimos que no tenemos un presidente, sino un líder espiritual, incluso un enviado de otro plano espiritual, y convertimos la 4T en un ejército de misioneros para llevar su palabra? Podría funcionar así: el FCE (¿todavía lleva “Cutlura” en el título?) mandaría a imprimir millones de cuadernillos guinda, ya saben: guinda Morena, con el título, digamos, de “Epístola moral” o “Epístola de Andrés” (si ya existe una,
cosa que ignoro por la nefasta educación laica propia del México antiguo, les ruego que me corrijan). El cuadernillo debería asumir un estilo ya plenamente de revelación, de literatura sacra. Habría que empezar con lo de los sepulcros, claro, aunque en un tono ya menos admonitorio y más claramente de advertencia:

“Y el Padre de Pueblos fulminó a los apóstatas con la mirada en llamas, y los apóstatas tornáronse en sepulcros blanqueados”.

Pero hay muchas otras posibilidades:

▶ “El Gran Benefactor tomó un puñado de carbón y dijo “Hágase la luz”, y los justos (que no empiecen…) fueron iluminados. Y de las rocas manó el combustible fósil, y se encendieron las puertas de Utopía”.

“Fue así como el Mesías…”. No, perdón: “Fue así como el Gran Benefactor mutó el agua en jugo de piña miel y las piedras en barbacoa”.

“Con un movimiento de su báculo, el Padre terminó con innumerables bestias, y murieron los jaguares y desaparecieron los árboles, y se multiplicaron los trenes y los campos de beis”.

Supongo que me explico: por ahí va la cosa. ¿Que es un lenguaje un tanto críptico, que no es fácil contagiar su espíritu al Pueblo Bueno? De acuerdo. Pero ahí es donde entran los camaradas Fisgón, de cuya tarea invaluable a cargo del Instituto de Formación Política hablé el viernes aquí, y Epigmenio Ibarra, que forma ideológicamente a los ninis. Lo que hay que hacer es convertir a esos jóvenes en eso, una especie de misioneros. Tendrían que vestir todos igual, con —digamos— una camisa con cuello Mao color Morena y unos pantalones blancos, e invadir salones de clase, reuniones sindicales, vagones de Metro y parques de pelota para llevar a todos la palabra verdadera. “Misioneros por Andrés”, podríamos llamarlos.

Menos mal que perdieron los conservadores.

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/CR

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