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Modelo de bienestar nórdico

Modelo de bienestar nórdico

Columnas martes 27 de agosto de 2019 - 01:51

Entre Skomakaregatan y Lilla Torg, en el pintoresco barrio de Gamal Väster, dentro del casco antiguo de Malmö, descubrí un precioso café llamado Folk å Rock, coronado por una tienda de vinilos, cedés y películas.

Mientras me sumergía en la contracultura sueca, pensaba en que los álbumes, siniestramente suplantados por una sucesión de pistas aleatorias e inconexas, tenían el mismo estigma que los libros: son irremediablemente autobiográficos. Que estuviera en pleno centro
de la ciudad, no muy lejos de su insuperable biblioteca pública —otrora castillo —, me llevó a pensar que los nórdicos tienen más personalidad de lo que se piensa.

No conformes con ello, además, son protagonistas de un modelo de bienestar social envidiable. Pero, ¿a qué le llaman estado de bienestar? Al ascensor social más dinámico del mundo —en Dinamarca, por ejemplo, la brecha entre un pobre y un rico es de una sola generación —; salud y educación sin restricciones; distribución equitativa de la riqueza; abrazar el luteranismo sin perseguir ni censurar otras manifestaciones de fe; sacerdocio femenino y abiertamente homosexual; libertad sexual; tolerancia migratoria; integración racial; diversidad ideológica; convicción tributaria —existe gente que puede pagar hasta el 60 por ciento de su sueldo en impuestos —; la paradoja del individualismo colectivista; multipardismo conciliador; tasas bajísimas de inseguridad y desempleo; desprecio por la corrupción; emancipaciones estimuladas por el Estado; una socialdemocracia flexible; libre mercado; inversión extranjera controlada; ayudas sociales; pensiones dignas; estímulos educativos; devoción lectora; sensibilidad cultural; salarios competitivos; transporte seguro, moderno y eficiente; reconversión de cementerios ancestrales en pulmones con árboles frondosos; calidad del aire; deporte como integrador social y no como el último tren para escapar de la miseria; memoria histórica; y la apertura de fronteras para cicatrizar viejas heridas, como el mastodóntico puente de Øresund que une a Malmö con Copenhague.

¿Por qué nos hablan tan poco de ellos? No tienen kilómetros de playas en el Mediterráneo o el Caribe, ni veranos consagrados al Sol. Sus
inviernos son insoportables, sus crepúsculos precoces y sus rostros imperturbables. Son aburridos y les deprime tanta perfección. Gente rara, dicen. Como primer gran esbozo revolucionario: la reflexión.

•Lector, viajero y prospecto de escritor.
Dormí en el Wadi Rum y contemplé el rostro
imperturbable de la gran esfinge en la meseta
infinita de Giza. @Ricardo_LoSi

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/CR

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