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Morir en el primer mundo

Morir en el primer mundo

Columnas viernes 06 de septiembre de 2019 - 00:32

En todos los medios de deportes y en muchos otros de información general, se ha informado de la muerte de la hija de nueve años del exentrenador de la selección española, Luis Enrique Martínez, afectada por un cáncer de huesos. La muerte de un niño representa un dolor indescriptible.

La hija de Luis Enrique estuvo acompañada por él y su familia hasta el último momento y pudo morir en las mejores condiciones en medio del terrible dolor que representa un cáncer.

En México, país de primer mundo, morirán posiblemente muchos niños en los próximos meses (el cáncer es la mayor causa de mortalidad infantil) por el desabasto de medicinas. Todo Estado tiene tres prioridades: la seguridad, la educación y la salud de sus ciudadanos. Prácticamente, todos los derechos humanos giran en torno a estos tres ejes. Si alguno de ellos falla, esa sociedad cae en severos problemas.

Se puede atender el problema de la corrupción, pero no se puede frenar la distribución de medicinas, así como sucedió al inicio del año con el combustible. La bandera de la lucha contra la corrupción es un símbolo y debe ser una realidad. Es seguro que mejoraremos, particularmente por nuestro negativo punto de partida después de un sexenio cargado de robo y cinismo.

Pero el país debe funcionar. La distribución de bienes primarios como las medicinas, los libros y el combustible no puede verse afectado. La izquierda política moderna siempre se identifica con el estado de bienestar y no debe olvidarlo en los vericuetos de la política.

No se oyó mucho sobre política de salud y distribución de medicinas en el informe del 1 de septiembre. Hay poco que presumir, aunque siempre se está a tiempo de encontrar las soluciones más eficientes.

Vienen los meses de otoño e invierno, el momento más propenso a las infecciones respiratorias. El Estado debe prevenir esta situación. Ya fuimos sorprendidos por la H1N1 en 2014. Ninguna enfermedad nos debería sorprender. El Estado está obligado a prevenir y solucionar.

El desabasto de medicinas bajo la bandera de la lucha frente a la corrupción y la transformación no tiene sentido. La corrupción se puede y debe limpiar, pero no frenando la salud del país.

Por algo, el estado actual del sistema de salud, así como los recortes o desaparición de programas sociales, son algunos de los temas que han contribuido al descenso de la popularidad del gobierno actual.

Qué ningún niño o anciano del país sufra la falta de medicinas en estos meses. Ya la enfermedad es una ruptura importante en la normalidad de la vida como para acentuarla por falta de una política pública de largo plazo.

•Director de Extrategia,
Comunicación y Medios

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/CR

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