Muere el Káiser que reinventó la moda bicolor de Chanel
Muere el Káiser que reinventó la moda bicolor de Chanel

Entornos miércoles 20 de febrero de 2019 - 04:48


POR LAURA PÉREZ CISNEROS

Genio así lo llamaban; una mente creativa que brillaba como los propios diamantes. En su mente pintaba mangas, olanes, telas y colores como si fueran un paisaje, luego los plasmaba en una hoja. Trazos finos, largos y cortos, del lápiz al plumón y a la firma, que auguraba un éxito en la alta costura.

El sueño de muchas mujeres es Karl Lagerfeld, el káiser, el irreverente, el ícono, el irrepetible, el hombre que hizo del blanco y el negro su sello personal.

La cóleta blanca, que rociaba con shampoo en seco, el traje y la corbata negra, la camisa impoluta, los guantes a elección del “mood” en el que estuviera, el abanico cuando lo necesitaba y los lentes negros, que cubrían parte de su cara, lo hicieron único. En algún momento el propio Karl dijo que sus gafas eran su burka, ventana por la que veía lo que lo inspiraba y lo convertía en arte. Los hilos, telas y tijeras sus cómplices eternos.

Desde hace 36 años tuvo la sensibilidad de seguir con el legado de Coco Chanel, pero a su estilo. Una simbiosis plasmada en el tweed, la camelia blanca, sello de la creadora de la marca que Karl que perpetuó. Las cadenas en los bolsos, los zapatos en dos tonos, las perlas que se posan en los cuellos y que danzan en los pechos de quien las lleva.

Lagerfeld fue incansable “Cuando uno hace lo que quiere, eso no es trabajo”. remataba el diseñador alemán, quien tuvo grandes musas de la pasarela en los años 90 como la también alemana Claudia Schiffer o la estadounidense Cindy Crawford, Linda Evangelista, Kate Moss, entre otras que incluyeron a la princesa Carolina de Mónaco, quien además fue su gran confidente.

A lo largo de su prolífica carrera en la moda Karl Lagerfeld pasó por casas como: Fendi, Chloe, Balmain, Tiziani, hasta que llegó a la Maison Chanel para convertirse en su director artístico en 1983.

Monsieur Lagerfeld sólo por ser Lagerfeld descuidaba sus opiniones y las criticas no le interesaban; se atrevió a llamar “gorda” a la cantante británica Adele o imbécil al expresidente Françoise Hollande; de Diana, la princesa de Gales, opinaba: “es guapa y dulce, pero tonta”. A la primera actriz Meryl Streep la consideraba “tacaña” y decía que odiaba a la gente fea.

Karl, dueño de una mente extravagante tuvo como gran amor a su gatita “Choupette”, una de las herederas de una fortuna de unos 125 millones de dólares, misma que –seguro- a raíz de su muerte irá en aumento. El último diseñador ícono de nuestros tiempos consideraba que “una apariencia respetable es suficiente para que la gente se interese más por tu alma”. Modelos etéreas dejan libre la pasarela, las palmas se escuchan y por ese camino entre nubes, se escuchan los pasos de Lagerfeld. Esas gafas oscuras ahora esconden una mirada infinita, y así viene el cambio de estafeta para quien fue su mano derecha por tres décadas, la francesa Virginie Viard. Con la muerte de Lagerfeld inicia la leyenda.

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IM/CR

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