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Nacionalismo

Nacionalismo

Columnas lunes 20 de mayo de 2019 - 01:49


El nacionalismo y el unilateralismo están hundiendo la política en todo el mundo. Con la creciente influencia de los partidos populistas de derecha en Europa, la crisis de las instituciones multilaterales, y el ascenso al poder de hombres fuertes en países como Estados Unidos, Filipinas, Brasil y Turquía, la arquitectura global instaurada al final de la Segunda Guerra Mundial se resquebraja.

Los actuales movimientos nacionalistas condenan el liberalismo de las instituciones internacionales, atacan el globalismo de las élites liberales acusándoles de vendedores que desatienden a las clases trabajadoras y que se preocupan más por los extranjeros que por sus conciudadanos. Alimentan la xenofobia. Mientras el prestigio de las democracias liberales se devalúa como consecuencia de las crisis económicas, avanza un nuevo nacionalismo populista que promete poner en primer lugar los intereses nacionales, y no los globales.

El nacionalismo se entiende generalmente como la doctrina de que la unidad cultural de la nación, ya sea definida en términos cívicos o étnicos, debe ser congruente con la unidad política del Estado. La idea de nación en su sentido político no tiene como fundamento necesario la existencia de un grupo étnico.

Tampoco tiene que ver con ninguna realidad natural o biológica. Durante la mayor parte de la historia, las lealtades políticas no coincidían con las fronteras nacionales, la nación habrá de surgir como una referencia ideológica básica para asegurar el funcionamiento del aparato estatal, agregando a los individuos que la integran en el espacio social, económico y político abarcado por el Estado. Desde esta perspectiva el Estado resulta ser el creador de la nación, construida para la consecución de fines políticos y económicos.

El Estado-Nación se caracteriza por la confluencia entre la creación de una organización para el ejercicio del poder y el desarrollo de una solidaridad más allá de particularísimos étnicos. Asume el carácter multiétnico de su sociedad y genera un nacionalismo específico.

Históricamente, el nacionalismo y el liberalismo habían sido complementarios. El orden liberal creado, con las instituciones del Bretton Woods, equilibraba la necesidad de cooperación internacional con las demandas populares de autonomía nacional, y frenaba los impulsos nacionalistas agresivos que habían llevado a la guerra. Sin embargo, en los últimos 30 años, la elites occidentales han desmantelado los controles políticos que antes permitían a los gobiernos nacionales administrar el capitalismo. Han transformado las políticas democráticas para que se ajusten a la lógica de los mercados internacionales y han impuesto la formulación de políticas. Esto ha creado las condiciones para la actual oleada del nacionalismo populista.

El nuevo nacionalismo es con frecuencia antiliberal, antielitista y se presenta como antídoto a la globalización. Para contenerlo, habrá que encontrar nuevas formulas para reconciliar la responsabilidad nacional y la cooperación internacional, hay que demostrar que la solución no es abandonar el internacionalismo liberal sino reincorporarlo.


• Es internacionalista, politólogo, abogado y profesor
de derecho en la UNAM. @heladioramirez

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/CR

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