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No perdamos la fe

No perdamos la fe

Columnas lunes 11 de noviembre de 2019 - 01:50

Por Hugo Valdemar

La Iglesia ha venido atravesando por una tormenta que ha creado gran confusión, desconcierto y dolor en muchos fieles. La fe de muchos se ha puesto a prueba y los escándalos hacen tropezar a más de uno, sin embargo, no es la primera ni la más grave de las veces que la barca de la Iglesia ha sido amenazada de hundimiento en medio de la tormenta. El Señor Jesús parece dormir y ser indiferente a la tempestad, pero no es así, en realidad él está ahí, porque la suerte de la barca y de sus fieles es también la suya, y permite la furia de la tempestad para probar y hacer crecer nuestra fe. Pareciera que Satanás vence, puede ser que, incluso, tenga una victoria pasajera, pero al final el que vence es el Señor que nos dice cuando estamos más asustados: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 18,20).
Lo importante es no desesperar, no hundirse en el desánimo o peor aún el pesimismo, la Iglesia a lo largo de sus dos mil años historia ha pasado por peores crisis, la peor de todas quizá fue la del siglo IV, cuando la herejía del arrianismo, que negaba la divinidad de Cristo, infecto a la casi totalidad de la Iglesia, incluido el Papa, y curiosamente fueron solo unos cuantos obispos y el Pueblo de Dios, quienes salvaron a la Iglesia y devolvieron al depósito de la fe lo que hoy seguimos profesando, a saber, que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, de la misma substancia del Padre.
La fe, como dice bien san Pablo, es la que nos hace “esperar contra toda esperanza”, y creer que Jesús es el Señor, es tener la seguridad de que todo le ha sido sometido bajo sus pies, que nada escapa a su dominio y señorío, que es Señor de la historia y de la eternidad. Las victorias del enemigo son aparentes, nunca definitivas, la victoria final, como bien lo describe el Apocalipsis, es del Cordero, es decir de Cristo que con su muerte en cruz y su resurrección, de hecho, ya ha vencido, pero nosotros los cristianos debemos seguir en el combate espiritual que siempre es contra el mundo, el demonio y la carne, y por lo tanto es siempre remar contra corriente, será siempre contrariar al mundo y su mentalidad perversa y seductora, sin no entrar en un ingenuo y engañoso diálogo y componenda con él. Dialogo entre fe y razón sí, porque la fe no excluye la razón, negarla es entrar en el mundo del pensamiento mágico y la superstición, contrario a la revelación y a la tradición de la Iglesia.
Sin embargo, en este combate debemos cuidarnos de caer en la trampa del odio, el odio es a Satanás y sus obras, pero no a nuestros adversarios, por el contrario, debemos resistir unidos en la fe, la oración, los sacramentos, de manera especial la eucaristía, centro y culmen de la vida cristiana, la lectura y reflexión atenta de la Sagrada Escritura, el estudio de nuestra fe estupendamente condensada en el Catecismo de la Iglesia Católica, la práctica constante de la caridad, la oración, ahora más que nunca por nuestros pastores.

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