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No somos neoliberales

No somos neoliberales

Columnas miércoles 26 de junio de 2019 - 03:56


Leo cada vez a más tibios, más blandengues, más socialdemócratas condenados a la extinción decir que lo de nuestro Líder Eterno es decepcionante.

Que ellos, perdón, ellxs, votaron por un cambio y que lo que hace nuestro Tlatoani es aplicar políticas neoliberales sin contemplaciones: despidos masivos, desmontamiento de las instituciones públicas y repartición de lana en efectivo.

Se los digo como va, y perdonarán el lenguaje florido, pero es que si se va a tratar de insultar, insultamos: no mamen.

A ver:

▶ ¿Les suena muy neoliberal que la repartición se haga discrecionalmente, sin estudios previos, cuando sabemos que los estudios previos son tics neocolonialistas y que el único criterio válido es la voluntad del Supremo Líder?

¿Les suena muy neoliberal quitarle funciones a la iniciativa privada o la sociedad civil para dárselas al Ejército?

¿Les suena muy neoliberal meter dinero en empresas paraestatales como Dos Bocas?

¿O el hecho de que esas empresas se hagan también sin estudios previos, sin sacar cuentas, sin voltear a las experiencias de otros países, porque, de nuevo, el único criterio válido de desarrollo es la voluntad del líder?

¿Y el desprecio del mismo líder por los números, manifiesto en lo del crecimiento del empleo, lo de los 10 mil millones de años que llevamos en América o en la entrañable, empática volatilidad de las cifras que dio del sargazo? (Hablando del sargazo, me dicen informantes de absoluta confianza que un estudio del Conacyt concluye que la cantidad real de algas, descontadas las cifras malintencionadas que circulan para desestabilizar al régimen, es de tres kilos y medio).

No, ni una sola de las decisiones brillantes, ejemplares, luminosas del Keynes de Tepetitán merecen el apelativo de “neoliberal”. Y es que el neoliberalismo, que es una secta, no como nosotros que no nos dejamos adoctrinar ni actuamos aborregadamente en función de las decisiones de un Líder Supremo, parte de un criterio fifí: el de la eficacia, fundado en la superstición racista de que conocer un problema te permite tomar mejores decisiones a la hora de enfrentarlo, propia de gente baja, nefanda, como la del ITAM.

A ver, machuchones, neoporfirianos, itamitas: aquí de lo que se trata, para que nos entendamos, no es de obtener resultados, sino de garantizar la felicidad del país, o sea la instauración de la utopía, mediante la concentración de todas las decisiones y de todos los recursos públicos en una persona, la del Padre de Pueblos, para eternizarlo en el poder mediante su uso discrecional, privilegio de los que están en otro plano espiritual: de los que encarnan la voluntad popular.

Pero esto también puedo sustentarlo en cifras. En mi entrega anterior ofrecí una serie de fórmulas del éxito y desafié a varios, perdón, varixs economistas blancos, perdón, blancxs (Valeria Moy, Isaac Katz, Macario Schettino, Sergio Negrete) a refutarlas.

No lo han hecho. Va una más. Si creceremos a un 0.2 por ciento (10 veces menos que con Peña Nieto, pero las cifras son fifís), necesitaremos cinco años para alcanzar un 1 por ciento. Esto significa que para llegar al 4 por ciento prometido por nuestro Keynes harán falta 20 años.

Así pues, congresistas, es hora de cambiar la Constitución. Vamos por la presidencia vitalicia. Sí reelección.

A propósito, aprovecho la ocasión para proponerme como secretario de Hacienda. Tengo una licenciatura en Ciencias Políticas, pero ya nos explicó el Presidente que para eso no hay que estudiar.

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/CR

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