Nostalgia chabacana

Nostalgia chabacana

Columnas martes 30 de julio de 2019 - 01:47


Hoy se cumplen ocho meses desde que nuestro amado líder asumió el poder y gracias a las mañaneras lo hemos podido ver de cuerpo entero. Hemos visto un presidente afable, dicharachero y hasta simpaticón si nadie lo cuestiona y el aplauso, la prensa y la opinión pública lo favorecen, si nadie le presenta otros datos o critica sus proyectos.

Pero también hemos visto a un presidente ensoberbecido que considera que todo se define bajo el “están conmigo o están contra mí”; que ignora mayormente a su gabinete, que fustiga con dedo de fuego a sus críticos y que cree en verdad, que todo es una conspiración del neoliberalismo en su contra y que hasta la comunidad internacional está confabulada contra la 4T.

Y sin embargo, está sentado en la silla presidencial porque 30 millones de mexicanos en edad de votar lo pusieron ahí libre y voluntariamente y porque de los otros 50 millones de mexicanos, cuyo voto también contaba y que podían haber cambiado el curso de la historia, a muchos nos les interesó votar y encontraron 10 mil pretextos para no hacerlo y otros más entregaron el sufragio a causas perdidas, pero sobre todo porque el PRI y el PAN de 2000 a 2018 hicieron todo lo que estaba a su alcance para que Andrés Manuel llegara al poder: avalaron la corrupción, la impunidad y la simulación.

Independientemente de la crítica necesaria y permanente que debe hacerse al nuevo gobierno —sobre todo porque parece que las ocurrencias y los caprichos imperan sobre la información y las razones objetivas—, no deja de parecer absolutamente increíble esa chabacana nostalgia de muchos de los enemigos de la 4T que, frente a las decisiones de nuestro amado líder —algunas muy bizarras, hay que decirlo—, añoran los tiempos del PRI o del PAN como si hubiéramos vivido en Jauja.

Esa falsa añoranza por un pasado idílico que nunca existió no es nueva. Es como quienes añoran los tiempos de don Porfirio y se atreven a decir que necesitamos un nuevo Díaz porque el gobierno del dictador ha sido el mejor de la historia. Esos nostálgicos de la ignorancia creen que el porfiriato fue como la película México de mis recuerdos con don Susanito Peñafiel y Somellera cantando en el teatro Principal, vestido de niño, y no como el México Bárbaro de Valle Nacional, el de la explotación o el de la persecución y exterminio de yaquis y mayas.

“Es que si hubiera ganado Meade sería otra cosa”. ¿En serio? Meade era del PRI, sí, de ese partido tricolor que gobernó 70 años ininterrumpidos y entregó magros resultados al dejar el poder en el año 2000; sí, el PRI de la represión contra maestros, ferrocarrileros, obreros, campesinos, médicos y estudiantes el PRI de la guerra sucia y la Dirección Federal de Seguridad; el PRI del 2 de octubre y del Jueve de Corpus, el PRI de Acteal y Aguas Blancas; el PRI de López Portillo y su frase “soy responsable del timón pero no de la tormenta”, el de la nacionalización de la banca por sus pistolas; el PRI del sindicalismo prostituido, sí, el de Fidel Velázquez, el del Charro Díaz de León, el de Carlos Jonguitud, el de La Quina, el de Elba Esther, el Romero Deschamps, el de Napoleón Gómez Urrutia, Napito.

Añoran el PRI de las crisis económicas, el de Echeverría y su famosa frase “La economía se maneja desde Los Pinos”, el PRI de Miguel de la Madrid y su incapacidad para responder al sismo del 85; el de la inflación del 167% en 1987, el de la corrupción de Pemex y la explosión en San Juanico; el PRI del fraude en Chihuahua en el 86; el de la Roqueseñal, el de la caída del sistema de Manuel Bartlett, el del fraude del 88; el PRI de Salinas de Gortari y la privatización de la banca que entregó a sus amigos; el de la impunidad de su hermano Raulito; el del error de diciembre, del de su huelga de hambre de 30 segundos, el PRI del Fobaproa, de las Udis, el de la Casa Blanca, el PRI de Duarte, el de los Moreira, el de Ulises Ruiz, el góber precioso, el PRI de Peña Nieto.

Cierto, a pesar del discurso contra la corrupción y la austeridad republicana, parece que el nuevo gobierno no avanza, pero esa historia se está escribiendo para bien y para mal. En cambio, sí sabemos como terminó la historia que nos dejó el PRI, al menos hasta el 30 de noviembre de 2018.

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/CR

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