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Notas del diario de un escritor sin éxito

Notas del diario de un escritor sin éxito

Entornos lunes 11 de marzo de 2019 - 05:27


MARIO PUZO

Lo que sigue son los extractos de un Diario que llevé desde 1950 hasta 1954. Eran, para mí, dolorosos de leer llenos de autocomprensión, embarazadoramente egoístas, sumamente cándidos en la relación con el arte y con la vida. Finalmente, decidí repasar las notas, tachando los pasajes excesivamente personales. Pensé que estas notas podrían dar aliento a los escritores y a la gente deseosa de convertirse en artista, o mejor aún, que las mismas le sirvieran para devolverles el buen sentido. Es un Diario pesimista. Cuando lo escribí llevaba quince años dedicado a la literatura, pero nunca había conseguido ganar más de trescientos dólares. Afortunadamente, ignoraba que debería pasar otros quince años antes de conseguir el éxito. Es una vieja historia, pero pienso que puede servir de ayuda a más de uno. Los espero, sinceramente. Estas notas no han sido retocadas. Por ridículo que pueda aparecer el joven que las escribió —a mi me lo parece—, y aunque yo ya no sea, en algunos aspectos, el hombre que era entonces, he decidido no corregir lo escrito. De todos modos, al hombre de ayer lo he enterrado. Y su inocente fantasma sigue vigilándome constantemente y me prohíbe, con arrogancia carente de base, que cambie ni una sola palabra.

Viernes 29 de diciembre de 1950

L a verdad es que debería esperar a Año Nuevo para empezar un Diario, pues psicológicamente sería lo correcto. Pero tengo ganas de comenzarlo ahora.

Se acerca el final de un año malo. Dos narraciones cortas, y de la novela apenas nada. Si esto sigue así será mejor que me olvide de la literatura y de mis deseos de ser escritor. Y sigo preguntándome por qué he hecho tan poco. Le he dedicado más atención y esfuerzo que a ninguna otra de las cosas que he realizado. Puedo decir sin temor a equivocarme, que es lo más real e importante de todo lo que he hecho. Entonces, ¿por qué ha sido tan escasa mi producción literaria? Pienso que mi trabajo ha consistido, en esencia, en una intensa preparación interna…, estoy pensando casi continuamente en el trabajo que estoy intentando llevar a cabo…

Todo un año dedicado únicamente a escribir. Creo que estoy preparado pero de ninguna de las maneras podré disponer del tiempo que quiero. De todos modos, pienso que, suceda lo que suceda escribiré la obra este año. Y el año pasado no fue tan malo, después de todo. Dos buenas historias (mejores, de no haber sido tan perezoso)… casi ciento cincuenta páginas de la novela.

Me gustaría, en el curso de mi vida, escribir cinco novelas realmente buenas. A razón de cinco años cada una, representaría una labor de veinticinco años.

El enemigo (publicada bajo el título de La arena sucia en 1955) me ha supuesto dos años de trabajo y no me extrañaría que llegase a ser considerada como una de las peores novelas que se han escrito.

Lo peor es que todo aparece desenfocado, como una fotografía borrosa… Y sin embargo, no puedo creer que carezca totalmente de mérito. Ésa es la razón que me impulsa a seguir adelante con mi trabajo. Eso y la testarudez, además de mi incapacidad para mandarlo todo al diablo, lo que está en absoluta contradicción con mi forma de actuar en todas las demás cosas. No siento mucho apego por nada: es decir, soy pasivo, lo mismo en lo que se refiere al dinero, a los amigos, a mi esposa y a mis hijos, etcétera… Si bien amo a mi esposa y a mis hijos (¡Cuán falsas y carentes de sentido parecen estas palabras!), si mi esposa me dijera que no está segura de amarme, no trataría de retenerla. Si el mantenimiento de la amistad con las personas a las que conozco y admiro me supusiese un esfuerzo especial, sería incapaz de realizar dicho esfuerzo… El dinero es otra de las cosas que no me esfuerzo en retener y eso, por raro que parezca, no me produce la menor preocupación, quizá debido a que no lo tengo en cantidad suficiente.

Económicamente este ha sido un año desastroso. "T" me firmará mañana un cheque, y así podré comprar un dormitorio. Esto me resulta humillante, pero la humillación mayor es para él. Hace que se sienta avergonzado de mí, e irritado, al mismo tiempo, por el hecho de que yo carezco del sentido de la previsión… No obstante y por mucho que me esfuerce estas cosas no puedo tomármelas en serio.

Lo único que puedo tomarme en serio es el trabajo de escribir, por ridículo que pueda parecer a los ojos de los que no son escritores o de los que, siéndolo, no quisieron escribir.

* Fragmento del epílogo de la edición cubana de El Padrino, Ed. Huracán 1976.

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IM/CR

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