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Peña Nieto y la metáfora de la peluca

Peña Nieto y la metáfora de la peluca

Columnas viernes 20 de septiembre de 2019 - 01:24

La imagen de Enrique Peña Nieto y su novia Tania Ruiz disfrazados, para poder cenar sushi en un restaurante de Nueva York, es el colofón de la catástrofe y el extravío en el que se encuentra el expresidente de México.

Ridículo porque tendría que encarar con valentía su propia situación y asumir que las responsabilidades no terminaron el 1 de diciembre, sino que se prolongaron, aunque de otra forma.

Quien ocupó el cargo más alto en la administración pública, tiene la obligación de establecer una conducta que permita hacer pensar que la política no es una porquería y que los que la ejercen están condenados a la degradación.

Dicen que la tarea más difícil para quien gobernó un país como el nuestro, es la de encontrar un lugar decoroso para ver pesar los tiempos difíciles, los que se quiera o no, se desatan tarde o temprano.

Es un triste final y un anuncio de lo que puede venir en los próximos meses, cuando la persecución sobre los que fueron sus colaboradores se recrudezca.

Peña Nieto renunció a su propio legado, para convertirse en un asiduo de las revistas del corazón, olvidando que en política todo tiene un precio y que este se paga tarde o temprano.

Lo hicieron también quienes lo acompañaron en su mandato, y que han entrado en un silencio sepulcral para no llamar la atención y no ser llamados a cuentas.

El disfraz es revelador porque proyecta mucho más lo que oculta. En el fondo Peña Nieto sabe que las decisiones que tomó, y en particular la de renunciar al debate de las ideas, representaron un error que a estas alturas es irreversible, porque agotó la poca legitimidad con que contaba.

¿Cómo escuchar con seriedad a un tipo que tiene que ir disfrazado en el extranjero? Peor aún, porque esto lo coloca como un blanco fácil, más allá de si existieron pactos de protección y que además siempre se pueden romper.

Es extraño, porque Peña Nieto es un político inteligente y con enormes cualidades. En sus grupos de trabajo existía rigor para evaluar cada uno de los planteamientos y para supervisar las metas establecidas en el Plan Nacional de Desarrollo (había uno) y en los compromisos que hizo desde la campaña.

Gobernó dividiendo, como hicieron otros, y le funcionó durante la etapa luminosa en la que tuvo a dos operadores fuertes, Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Videgaray.

Ese modelo estalló con la Casa Blanca y con Ayotzinapa, pero hubo tiempo de reparar la propia estructura del ejercicio del poder, pero se dejó para otra ocasión, que nunca llegaría, porque se encontraban envueltos en una nube de arrogancia.

•Twitter: @jandradej

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/CR

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