laopcionnota
Perseguir La Noche

Perseguir La Noche

Entornos miércoles 22 de mayo de 2019 - 04:19


POR RAFAEL PÉREZ GAY

La vida está hecha de diversos caminos. Cada cosa puede ocurrir de una forma y también de otra.

Todos hemos pasado alguna vez por un acantilado desde donde vemos nuestra ciudad de nuestra existencia. A lo lejos se ve el trazo de la avenida central de la familia, las calles de los amores imposibles, los callejones de los sueños rotos, los monumentos de nuestros muertos, el gran teatro de la historia, la catedral de la memoria, la plaza de la enfermedad.

De ese acantilado y esa ciudad trata este informe.

He pasado una buena parte de la vida esperando mensajes. Me refiero a comunicaciones serias, a esas que vienen del más allá.

Hay cosas que dependen más que otras de la paciencia y esta es una de ellas. Siempre esperé envíos del otro mundo, como si hubiera una sección de paquetería detrás de la neblina que separa a la vida de la muerte. Por eso he dedicado años de mi vida a la historia cultural, porque la considero un enorme libro de mensajes que vienen de lejos a través de ecos de otros tiempos. Por esta compleja razón que cualquier psicoanalista quisiera interpretar, hace años llegué a la esquina que forman las calles de Madero e Isabel la Católica, una noche fría de vientos cruzados en el centro de la Ciudad de México.

En ese lugar estaba El Gran Café La Concordia. Era el punto de reunión de la generación de liberales que tantos elogios patrios ha recibido no sé si con plenos merecimientos. No vamos a discutir en este momento de literatura y servicios a la nación , faltaba más.

Corría el año de 1868, Ignacio Ramírez y Manuel Payno tomaban café en una de las mesas de esta esquina e intrigaban contra sus enemigos políticos y sus rivales literarios. En la Obscuridad las sombras atravesaban las calles enfangadas. La ciudad era un fracaso.

Veinte años después de que Payno intercambiaran juramentos de venganza contra sus adversarios –les sobraban agravios-, en ese mismo lugar Manuel Gutiérrez Nájera tomaba café con coñac y escribía uno de los miles de artículos que redactó en mesas de café, vestíbulos de teatro y gabinetes umbrosos. Con frecuencia lo acompañaban Amado Nervo, Lui G. Urbina, Jesús Valenzuela. Hablaban de la melancolía, de la enfermedad de fin de siglo.

Uno no sabe nunca nada. Esos escritores ignoraban que eran la marca final de una época y los últimos que hablarían del porvenir de la ciudad en ese lugar.

*Perseguir la noche, Seix Barral, 2018.

Envie un mensaje al numero 55-12-88-20-96 por WhatsApp con la palabra SUSCRIBIR para recibir las noticias más importantes.

IM/CR

Etiquetas


Notas Relacionadas


Más leidas

Lo último

SIGUENOS EN TWITTER


+-