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Pessoa íntimo

Pessoa íntimo

Columnas viernes 13 de septiembre de 2019 - 02:47

Recientemente la editorial Gadir publicó los Diarios de Fernando Pessoa traducidos por Juan José Álvarez Galán. En la nota introductoria se lee: “Algunos fragmentos […] fueron escritos propiamente como por Pessoa, aunque son heterogéneos en su enfoque e intenciones. Otros muchos constituyen apuntes sueltos, en ocasiones clasificados por el autor como notas biográficas, notas personales, apuntes bibliográficos...”. Los textos que siguen muestran el interior tormentoso y profundo del escritor clásico de la literatura portuguesa.

25-7-1907

Estoy cansado de entregarme a mí mismo, de lamentar mis desgracias, de tener lástima y llorar por mí. Acabo de tener algo parecido a una escena con la tía Rita sobre F. Coelho. Inmediatamente después he tenido uno de esos síntomas que se hacen cada vez más fuertes y claros en mí: un vértigo moral. En el vértigo físico se produce un reflejo del mundo externo en nosotros; en el vértigo moral, un reflejo del mundo interior. Por un momento, tuve la sensación de estar perdiendo la capacidad de percibir las verdaderas relaciones de las cosas, de perder el entendimiento, de caer en el abismo de la somnolencia de la inteligencia. Es una horrible sensación que golpea con un miedo descontrolado. Estas sensaciones se hacen cada vez más frecuentes, como si estuvieran preparando el camino a algún otro estado de la mente, que, por supuesto, sería la locura.

No hay en mi familia ninguna comprensión de mi estado mental; no, ninguna. Se ríen de mí, se burlan y me desacreditan; dicen que pretendo ser extraordinario. Se niegan a analizar el deseo de ser extraordinario. No pueden comprender que entre ser extraordinario y desear serlo no hay más diferencia que la conciencia que se añade en este último. Es lo mismo que sucedía cuando jugaba con soldaditos a los siete y a los catorce años: al principio eran cosas, después cosas y juguetes al mismo tiempo; sin embargo, el impulso de jugar con ellos permanecía, y ese era el estado psíquico real, fundamental.

No tengo a nadie en quien confiar. Mi familia no entiende nada. A mis amigos no puedo incomodarles con estas cosas; no tengo auténticos amigos, e incluso si tuviera intimidad con alguno de ellos, en un plano ordinario, no lo serían del modo en que yo comprendo la intimidad. Soy tímido, no me gusta dar a conocer mis preocupaciones. Un amigo íntimo es uno de mis ideales, algo con lo que sueño despierto, y sin embargo, algo que nunca tendré. Ninguna forma de ser encaja conmigo, no hay ningún carácter en este mundo que refleje ninguna oportunidad de aproximarse a lo que yo sueño como amigo íntimo. Dejemos esto de una vez.

Tampoco tengo amante ni dulce compañera; es otro de mis ideales, también frustrado por completo, con un vacío absoluto. No puede ser como yo lo sueño. ¡Ah, pobre Alastor! ¡Shelley cómo te comprendo! ¿Puedo confiarme a mi madre?

Ojalá la tuviera cerca de mí. Tampoco a ella puedo confiarme, pero su presencia paliaría mucho mi dolor. Estoy tan solo como un náufrago en medio del mar.

De hecho, soy un náufrago. Así pues, me confío a mí mismo. ¿A mí mismo? ¿Qué clase de confianza hay en estas líneas? Ninguna. Vuelvo a leerlas y me duele el corazón al darme cuenta de lo pretenciosas que son, de cuánto se parecen a un diario literario. En algunas he conseguido un cierto estilo. Pero no sufro menos por ello. Un hombre puede sufrir lo mismo en un traje de seda que en un saco o bajo una colcha rasgada. Dejémoslo aquí.

[DE: NOTAS PERSONALES]

Actué siempre hacia adentro... Nunca he tocado la vida... Siempre que yo esbozaba un gesto, acababa en un sueño, heroicamente... Una espada pesa más que la idea de una espada... Dirigí grandes ejércitos, vencí grandes batallas, disfruté grandes derrotas; todo dentro de mí. Disfrutaba paseando solo por las alamedas y por los largos pasillos, dando órdenes a los árboles y a los retratos de la pared... Por el largo pasillo que hay en el palacio he paseado muchas veces con mi prometida... Nunca tuve una prometida real... nunca supe cómo se ama... Sólo supe cómo se sueña amar... Si me gustaba ponerme anillos de mujer en mis dedos es porque a veces me gustaba tomar mis manos de joven por las manos de una princesa, y pensar que yo era, al menos en ese gesto de mis manos, la persona a la que amaba... Un día acabaron por encontrarme vestido de reina... y es que estaba imaginando que era mi regia esposa... Me gustaba ver mi rostro reflejado porque podía imaginar que era el rostro de otra persona; porque tenía rasgos femeninos, y es que era de mi amada el rostro del reflejo... ¡Cuántas veces mi boca rozó mi boca en un espejo! Cuántas veces aparté una de mis manos con la otra, y cuántas adoré mis cabellos con mi mano enajenada para que pareciera suya al tocarme. No soy yo el que te está diciendo esto... es el resto de mí quien está hablando.

***

Si pudiera dedicarme a cualquier cosa –un ideal, un canario, un perro, una mujer, una investigación histórica, la imposible solución de un inútil problema gramatical...– entonces, sí, tal vez, sería feliz. Pero nada es una cosa para mí excepto las ficciones de mis sueños, y esas son cosas por derecho propio. Incluso cuando tengo el placer de soñarlos, siento la amargura de saber que los estoy soñando.



Delia Juárez G. Editora y traductora.
Es autora del libro Gajes del oficio. La pasión de escribir (2006); y de las antologías
colectivas: Y sin embargo yo te amaba. 12
escritores interpretan a José José (2009),
Mudanzas (2011), Anuncios clasificados
(2013) y Así escribo. 53 escritores mexicanos y el misterio de la creación (2015).

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