facebook comscore
Por un socialismo menonita

Por un socialismo menonita

Columnas lunes 29 de julio de 2019 - 02:19

Me parece que los juicios sobre las apuestas económicas de nuestro Presidente Eterno son más que injustos, una injusticia que, debo decirlo, él ha alimentado en razón de su infinita humildad, de la austeridad republicana de su narcisismo, de esa modestias de Pueblo Bueno.

El Primer Motor del Desarrollo con justicia social ha dicho que con su irrupción democrática y popular se cierra el ciclo neoliberal en México. Sí, nuestro Padre ha negado las últimas décadas de historia nacional. Pero veamos con lupa lo que niega realmente, porque me parece que se ve con demasiada modestia sus logros. Veamos en qué cree y en qué no:

El Presidente de las Señales de Humo sí, usa su cuenta de Twitter no solo con gran eficacia sino con sentido poético (es el Díaz Mirón contemporáneo, por aquello de que su plumaje es impoluto), pero ya habló el otro día de mandar telegramas y alguien en su equipo tuvo la idea luminosa de una cadena nacional. Así que nuestro Gran Benefactor niega las nuevas tecnologías de la comunicación. Hace bien, Presidente Eterno. Netflix, HBO, Pornhub y el sexting, productos siniestros del mundo contemporáneo, aparte de que distraen al Pueblo Bueno del único mensaje que debe llenar sus oídos, es decir, el de su voz tersa aunque firme y popular, contribuyen a extender una de las peores plagas que nos trajo el neoliberalismo: el divorcio.

El Supremo Mandatario de la Eterna Combustión no cree en la energía eólica, los paneles solares, el fracking y demás —disculparán el término sexista, pero creo que esta vez está justificado— afeminamientos neocoloniales, sino en la viril quema de carbón.

¡El Lázaro Cárdenas de Tepetitán cree en las refinerías.

El López Portillo del Trópico Ardiente cree en una gran paraestatal petrolera, con su sindicato y todo, como el impulso que necesitamos para alcanzar el 4% de crecimiento.

El Supremo Sacerdote del Turismo Popular cree en los trenes con carro fumador.

Y, según descubrimos en un video conmovedor de los de la serie “Andrés come cecina”, “Andrés come barbacoa” y “Andrés bebe jugo de piña miel”, nuestro Primer Guardián de la Pobreza Franciscana cree en los trapiches de tracción animal. Nos lo confirmó el otro día, cuando dijo que “ese es el tipo de industria que estamos promoviendo”. ¿Se acuerdan? Mientras grababa “Andrés bebe jugo de caña”, nos explicó que el trapiche es un ejemplo de “economía popular”, aunque tal vez por esa impronta franciscana que lo distingue decidió hacerle un homenaje al caballo, que, añadió, trabaja tanto o más que Gilberto, su dueño, porque es “el motor”. Bien, Presidente Eterno. Era momento de que alguien lo dijera: los motores eléctricos e incluso los de gasolina le han quitado el trabajo a muchas personas y muchos caballos.

(Claro que no podemos descartar otra opción: los trapiches de tracción humana. Se usaron en la era de la esclavitud, pero aquí podríamos habilitarlos en campos de reeducación para neoliberales remisos. Que sientan lo que ha sentido el Pueblo Bueno.

Y los caballos.).

Y es que, decía, a nuestro Padre de Pueblos se le ha juzgado injustamente. No es que niegue los últimos 30 años de historia de México. Ni siquiera es que niegue los últimos 30 años de la historia del mundo, o sea los de Internet, la nanotecnología, las células madre y esos lujitos neoporfirianos. Es que a veces, entre evangelistas y caballos flacos, niega como un siglo entero. Esa es grandeza.

Adelante, Líder Eterno: vamos por un socialismo menonita.

Envie un mensaje al numero 55-12-88-20-96 por WhatsApp con la palabra SUSCRIBIR para recibir las noticias más importantes.

/CR

Etiquetas


Notas Relacionadas
La famosa consulta (I) Columnas
2020-09-18 - 01:10
El avión presidencial Columnas
2020-09-18 - 00:49
Bien preocupados Columnas
2020-09-18 - 00:49
El Derecho Procesal Electoral Columnas
2020-09-18 - 00:48
Línea 13 Columnas
2020-09-18 - 00:39
Brasil y México: mucho que conmemorar Columnas
2020-09-18 - 00:29
+ -