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“Primero dispara y luego viriguas”

“Primero dispara y luego viriguas”

Columnas jueves 08 de agosto de 2019 - 02:22


Como la moda actual es que todo lo que se haya hecho, planeado, proyectado u organizado antes del 1 de diciembre del 2018 es necesario arrojarlo a la pira inquisitorial de la 4T, el anuncio de que el Gran Premio de México estará cuando menos tres años más dentro del campeonato mundial de Fórmula 1 es una gran noticia, y más porque el nuevo gobierno lo considera un evento megafifí, elitista, neoliberal y hasta pirrurris por lo que parecía condenado a desaparecer.

Y es que desde hacía meses rondaba el mexicanísimo fantasma de las oportunidades perdidas porque de no haberse llegado a un acuerdo, hubiera sido la tercera vez que se mataba a la gallina de los huevos de oro, porque es un hecho, en los tres periodos en que se ha corrido la F1 en México (1962 a 1970, 1986 a 1992 y de 2015 a la fecha), el gran premio ha sido un éxito económico.

Por otro lado hubiera sido muy bochornoso informar a la FIA que México ya no le entraba a la F1 porque qué hubieran dicho Juárez, Madero y Cárdenas al ver que el gobierno apoyaba una carrera de autos y no el beisbol. Y es que para vergüenzas no paramos

En 1970 nos sacaron de la F1 porque el día del gran premio de ese año hubo portazo y se colaron 80 mil personas con todo y un perro que se metía a la pista a ladrarle a los autos cada vez que pasaban. Y en 1992 nos sacaron del calendario porque Manuel Camacho Solís, por entonces regente del DF, sin datos —ni siquiera “otros datos”— quiso cancelar la carrera tres días antes porque decía que los autos F1 contaminaban más que los autobuses de la Ruta 100.

Pero bueno, tenemos gran premio para rato y como era previsible, luego del anuncio ardieron las redes sociales porque el Gobierno de la Ciudad de México se alzó el cuello no obstante que aclaró que fueron varios empresarios quienes se cayeron con la lana y no habría recursos públicos invertidos en el gran premio.

Honor a quien honor merece. Sin la autorización del Gobierno de la Ciudad de México habría sido imposible extender el contrato con la FIA aun cuando los empresarios pusieran toda la inversión —seguramente en su momento, el gobierno tendrá que participar en la seguridad, en la movilidad y en el transporte público—. Por eso me parece importante reconocer a todas las partes involucradas por el acuerdo alcanzado, pero también por eso se me retuerce aún más el hígado y me resulta mucho más absurdo el ánimo destructor con el que llegó el nuevo gobierno.

¿No era más fácil proceder de la misma forma con otros programas, obras y proyectos —aeropuerto, estancias infantiles, seguro popular, ProMéxico y un largo etcétera—; es decir, estudiarlos, analizarlos, auditarlos y entonces decidir con datos duros, cifras reales, estadísticas y pruebas fehacientes si convenía continuarlos, mejorarlos, sanearlos o desaparecerlos?

Al parecer no, el nuevo gobierno, alentado por un ánimo revanchista prefirió aplicar el clásico mexicano: “primero disparas y luego viriguas” a favor de la retórica de la cuarta transformación, pero en detrimento de todo el país. Y arremetió contra todo y contra todos.

▶ Lo que más sorprende es que nuestro amado líder, siendo tan asiduo lector de nuestra historia, no haya caído en cuenta que ninguno de lo hombres que participaron en las tres transformaciones anteriores llegaron a destruir todo lo que ya había construido, intentaron modificar, adaptar e innovar, pero conservaron aquello que podía ser útil para los nuevos tiempos. Los anteriores no llegaron con ánimos de venganza, al contrario.

“El propósito inicial de Madero era muy distinto del de todos su predecesores en la política nacional —escribió José Vasconcelos—. Pues no predicaba venganzas. Y fue el primero que no empezó su predicación lanzando ‘mueras’. No era de la familia de los destructores. Y solicitó el concurso de los patriotas, los nobles de espíritu, los civilizados. Todo su corazón lo abrió a la luz y resultó que toda la República le cupo dentro”.

Es un hecho, nuestro amado líder se voló la barda —argot beisbolero—, pero cuando menos tendremos más Fórmula 1 y claro, dos estadios de beisbol.

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/CR

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