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Que se pudra la UAM
Que se pudra la UAM

Columnas martes 16 de abril de 2019 - 01:38


La Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) está enfrentando una de las crisis más importantes de su historia. Más de setenta días en huelga y al parecer, desde fuera de sus muros, hay un cierto conformismo, una banalización del conflicto.

Se está pudriendo la UAM, porque de ese conflicto tan largo no saldrá ilesa y más cuando los actores del conflicto tienen claro, desde antes de que estallara, que existen límites en el presupuesto y que en el nuevo Gobierno la educación superior está lejos de ser una prioridad.

Las autoridades tienen que hacer un llamado a la sociedad para que se generen condiciones que permitan la vuelta a clases.

El Situam tiene una enorme responsabilidad. Los sindicatos deben ser realistas en sus demandas, proteger a sus agremiados y a las fuentes de empleo, que es lo que les da sentido.

El sindicalismo no es ajeno al momento de transformaciones que ahora se vive, donde la prudencia es indispensable para garantizar la viabilidad de las instituciones.

La coyuntura, además, no es la mejor.

En varios estados del país se han presentado iniciativas que atentan o debilitan la autonomía de las universidades públicas, las que son vistas como un botín político y clientelar.

La UAM surgió después del movimiento de 1968 y tuvo, entre otros objetivos, el de plantear una educación
distinta, cercana a la realidad y capaz
de incidir en ella. De ahí viene su espíritu abierto al tiempo, lo que ha permitido colocarla en las de mayor nivel
educativo.

Cuando se pierden semestres, se dejan de cobrar quincenas y se entra en el reino de la incertidumbre, algo se rompe y no se puede rearmar con facilidad: la confianza.

Confianza que van a necesitar las autoridades y el sindicato para volver a seducir a la planta académica y, a lo más importante, los estudiantes, quienes se encuentran en un momento fundamental de sus vidas.

LA UAM requiere de solidaridad y atención. Sería terrible que dejáramos que la huelga continúe prolongándose, con las evidentes consecuencias que tendrá para el futuro. Si se pudre la UAM, no lo hará sola y las consecuencias de ello será expansivas.

Hace años, la UNAM enfrentó una crisis que la mantuvo cerrada por cerca de un año. No se trató de un conflicto sindical, sino de un movimiento estudiantil que terminó controlado por grupos radicales a los que menos les importaba era la academia y los universitarios.

Lo de ahora es distinto, pero algo de lo que ocurre en la UAM recuerda el costo de posponer las cosas, de no entender, ni hacerse cargo, de la importancia que tienen las universidades y del enorme logro de que sigan siendo públicas y autónomas.


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/CR

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