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Rabia fiscal

Rabia fiscal

Columnas viernes 04 de octubre de 2019 - 01:47

Pagar impuestos significa creer en el país. Pagar impuestos indica compromiso y cumplimiento. Pagar impuestos revela el interés en educación, salud e infraestructura. Pagar impuestos manifiesta equilibrio entre lo público y lo privado. Pagar impuestos implica transparencia. Pagar impuestos deriva (aunque esto sea sólo un supuesto) en la optimización de servicios regulados por el Estado.

No pagar impuestos refleja desconocimiento de lo que significa un país. No pagar muestra egoísmo y superficialidad.

No pagar implica no querer un país mejor para todos.

Un país que tiene sobre 57 millones de pobres que no pueden acceder a los servicios básicos de educación y salud, no puede permitirse el lujo de condonar cientos y miles de millones de pesos en impuestos.

Da mucha mucha mucha rabia ver las diferencias que laceran a nuestro país.

Condonar impuestos a las empresas carece de fundamento político, social, racional.

La riqueza es buena, la creación de riqueza por parte de las empresas es magnífica, la inteligencia empresarial de México sobresale por encima de cualquier país de América Latina y del mundo. ¿Por qué no crear riqueza pública mediante el pago de impuestos?

A todos nos duele que se mueva el statu quo en el que vivimos. Hablamos de romper la fractura social, pero realmente no trabajamos comprometidamente por lograrlo. Nos hemos acostumbrado a una sociedad de profundas diferencias, a unas posiciones sociales y económicas que no contribuyen al bien común y con ello solo abonamos a una debilidad de la inversión pública.

Poner orden en el pago de impuestos, exponer a quienes se les ha condonado de forma discrecional y eliminar la posibilidad de condonación de impuestos fortalecerá el estado de derecho. Se requiere toda la fuerza de la ley sobre esta realidad.

Independientemente del debate sobre si la condonación se realizó en el “marco legal” (como aseguran algunos políticos), no se puede calificar de “legítima” (como también la describieron).

Y por otra parte (pero ése ya es otro debate): ya que el gobierno actual ha cancelado la condonación, el siguiente paso sería aclarar eventualmente qué tipo de proyectos se financiarán con todo lo recaudado, pues también es un tema de transparencia.

Siempre se puede tener la sensación de que realmente no conocemos cómo funciona el país. Para el mexicano común y corriente las cifras de múltiples ceros, la relación perniciosa con Hacienda y los acuerdos debajo de la mesa no resultan comunes. La sorpresa frente a estos arreglos en lo oscuro se muestra mayúscula.

Y da mucha, mucha rabia que esto suceda en el país. Cuesta mucho, muchísimo cubrir las obligaciones económicas privadas y públicas a las que estamos sujetos (al parecer sólo algunos).

Y la verdad, la rabia nunca ha sido buena consejera.

•Director de Extrategia,
Comunicación y Medios

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/CR

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