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Redes sociales, las armas del crimen organizado
Redes sociales, las armas del crimen organizado

Columnas jueves 23 de mayo de 2019 - 03:17


En los últimos años, la vulnerabilidad de los usuarios de internet a ido en aumento, particularmente por la expansión de las redes sociales, las cuales hoy por hoy son parte integral de las vidas de muchas personas, para bien o para mal.

En la actualidad, el social networking consume alrededor de 30% del tiempo dedicado a internet. Sitios como Facebook han dejado atrás la barrera de los dos mil millones de usuarios al mes. Pero así como estas plataformas han alterado la forma en que interactúan los individuos, también la delincuencia se sirve de ello, y han encontrado en las redes sociales una mina de oro para perpetrar nuevos delitos o expandir sus actividades.

Por su carácter altamente destructivo, a los servicios de inteligencia les alarma la forma como estos instrumentos han afectado —por ejemplo— la lucha contra los grupos yihadistas y de ultraderecha. De acuerdo con Europol, sitios como YouTube, WhatsApp, Facebook e Instagram se han convertido en herramientas empleadas por grupos terroristas para llegar a nuevas audiencias en los países de la Unión Europea con fines de reclutamiento, financiamiento y diseminación de técnicas para la fabricación de explosivos caseros y la ejecución de atentados. Igualmente, las redes sociales han dado una nueva dimensión al problema de la explotación infantil.

Los niños en estos tiempos tienen mas acceso a internet y usan las redes sociales a una edad cada vez más temprana, lo que ha resultado en un aumento del número de casos de extorsión y coerción sexual online.

En 2018, se reportó un aumento de 60% de la distribución de material infantil online. Los criminales de cuello blanco también están explotando estos sitios para reclutar mulas y lavar dinero sucio. Las víctimas pueden ser desempleados, estudiantes, migrantes recién llegados y personas en aprietos económicos, principalmente de entre 18 y 34 años.

El resto del ecosistema delictivo lo componen, en otros, las estafas amorosas, que consisten en ganar la confianza de la víctima para después pedir dinero, regalos o datos; y los robos a casa habitación a partir de información geográfica en tiempo real. Así mismo, las redes son una ventana de oportunidades para el robo de identidad, a través de programas maliciosos o del phishing, mensajes fraudulentos dirigidos a engañar a los destinatarios para que compartan su información personal, financiera o de seguridad.

A la lista se suman además las estafas de inversión, las cuales tienen como punto de partida oportunidades de inversión lucrativa en acciones, bonos, criptomonedas, metales raros, inversiones en el extranjero. El Center for Strategic and International Studies estimó el importe de la ciberdelincuencia a nivel mundial en aproximadamente 600 mil millones de dólares en 2018, por encima de los 445 mil millones de dólares en 2014.

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/CR

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