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Rescatan a 46 sobrevivientes bajo los escombros en Albania

Rescatan a 46 sobrevivientes bajo los escombros en Albania

Columnas miércoles 27 de noviembre de 2019 - 12:52

Xinjiang, geográficamente ubicada en Asia Central, es la más grande de las 34 provincias de China y una de las menos conocidas. La semana pasada la provincia se convirtió en el tema de conversación entre un público extenso. El foco de atención lo obtuvo tras la filtración de cerca de 400 páginas con contenido sensible sobre las actividades militar y policiaca que el gobierno chino realiza en la provincia en nombre del “anti-terrorismo”, filtración que fue realizada por el diario estadounidense New York Times. El asunto fue retomado por medios de comunicación de diferentes países y ha sido sujeto a opinión desde diferentes posturas políticas y líneas editoriales.

La historia de Xinjiang es fascinante. En el siglo 2 a.C, el emperador de la dinastía Han de China ordenó la invasión de "las regiones del oeste" y sacar a la tribu nómada de los Xiongnu que habitaban ese territorio. Tras lograrlo, la dinastía Han estableció el “Protectorado del Oeste” en el moderno Xinjiang, territorio que pasó a ser parte de China desde entonces, aunque de manera intermitente, pues la zona fue escenario de eventos bélicos en los que diferentes grupos buscaban conquistar la región.

Fuente: Baidú images. En la imagen: Personajes de la serie “Viaje al Oeste” inspirada en un texto chino del siglo XVI que relata el viaje del Rey Mono que viaja a “las regiones del oeste” en búsqueda de textos budistas. La novela inspiró series reconocidas como Dragon Ball Z.

Grupos nómadas, turco- musulmanes e incluso fuerzas mongoles bajo comando del mismo Genghis Khan o el gran Timur, buscaron el control del territorio, que era parte vital de la ruta comercial hoy conocida como la Ruta de la Seda, desde principios del milenio hasta el siglo XVI d.C. Diferentes tipos de té, sedas y grandes cantidades de jade, entre otras piedras preciosas, transitaron por la zona, persiguiendo fines comerciales y en ocasiones diplomáticas.

Debido a su importancia comercial y estratégica, la región fue también sujeto de magníficos intercambios culturales y religiosos, con seguidores del budismo, zoroastrianismo, islam, y maniqueísmo habitando el lugar y erigiendo ciudades en conjunto. Sin embargo, tensiones étnicas y episodios de genocidio por obtener el control político y religioso sobre la región también tuvieron lugar.


En la imagen: Ruinas de Gaochang, ciudad en medio del desierto del Taklamakan que sirvió como punto de comercio a lo largo de la Ruta de la Seda.

En la historia contemporánea, más de 45 grupos étnicos han habitado la región simultáneamente. En 1933, un primer movimiento separatista surgió en Xinjiang por parte de las etnias turco-musulmanas que buscaban la independencia de la región bajo el nombre de Turkestán del Este. El movimiento fue apaciguado tras la ejecución de dos líderes de etnia musulmana –Hui-, que lideraban el movimiento separatista, por parte fuerzas de la República Popular China. Un segundo intento separatista tuvo lugar en 1949, este movimiento estuvo respaldado por fuerzas soviéticas, pero tampoco tuvo éxito. En 1955, ya instalado el gobierno comunista en China se reconocieron oficialmente algunas minorías étnicas, entre ellas a los Uigures y se le dio a Xinjiang la categoría de provincia autónoma de China. La herencia religiosa, bélica y cultural de la región están presentes hoy y explican de manera diacrónica elementos sobre lo que sucede actualmente.

El conflicto en Xinjiang no es un conflicto nuevo. Como se señaló, diferentes grupos usaron tácticas de eliminación racial para conquistar la zona, ejemplo de ello es el episodio en el que fuerzas de Mongolia buscaron eliminar a los hombres de los pueblos turco-musulmanes que habitaban la región y buscaban sólo conservar a las mujeres y las niñas con la finalidad de eliminar descendencia de esa raza. El conflicto actual que se desarrolla en términos de un Estado-Nación son conflictos que han evolucionado a lo largo de más de dos mil años.

El conflicto ha adquirido nuevas características. Primero, diferentes grupos buscaron el control de la región, después China buscó implementar redes políticas para evitar movimientos separatistas en el gobierno local de la provincia. A esto se suma recientemente la narrativa anti-terrorista. Efectivamente, el gobierno de China maneja una narrativa en contra de terrorismo en la región, particularmente después de un ataque en el que ciudadanos de minoría étnica musulmana atacaron a ciudadanos de etnia Han en 2014. El ataque estuvo motivado por un deseo de quitar del poder local a ciudadanos Han.

El conflicto es condicionado por elementos geográficos. La provincia de Xinjiang tiene frontera con ocho países: Rusia, Mongolia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Afganistán, Pakistán e India. Durante el período de guerra fría en el que fueras estadounidenses y rusas se enfrentaron secretamente en Afganistán financiando grupos musulmanes opuestos, surgieron grupos radicales a lo largo de comunidades musulmanas, y Xinjiang en China no fue la excepción.

El conflicto tiene como causas preocupaciones genuinas con reacciones injustificables. Hay un genuino riesgo sobre terrorismo y un riesgo para China de que existan movimientos separatistas. Entre las tácticas que han sido utilizadas para eliminar a los chinos musulmanes se encuentran la incitación gubernamental para que chinos de etnia Han cambien de residencia a la provincia de Xijiang con numerosos beneficios en términos de seguridad social y empleo. Además, se ha intensificado el trabajo por establecer el mandarín como la lengua oficial, modificando letreros en lenguas turcas como el Uigur y modificándolos por mandarín. Por otra parte, la propaganda ha jugado un papel importante, como siempre, cuando se habla de China. En las paredes de las calles se observan imágenes que van ad hoc a la cultura musulmana, pero incitan a ciudadanos Hui y Uigures a realizar sus rituales de casamiento a través de instituciones de gobierno y no a través de instituciones religiosas musulmanas.

En la imagen: Propaganda que incita a denunciar ante autoridades policiacas a sospechosos de actividad terrorista.

Y sí, hay campos de re-educación en donde a estas minorías que están relacionadas de alguna manera con el islam -minorías hui, uigures, kazajos, tayikos-, son enviados a aprender mandarín y a evitar comportamientos radicales. Presuntamente técnicas de tortura también son empleadas con fines de lavado de cerebro. Ha habido sin duda abuso por parte de autoridades chinas contra minorías étnicas, sin embargo, éstas han sucedido no sólo en Xinjiang y no sólo durante el gobierno de Xi Jinping.

Sin embargo, la atención mediática ha puesto el foco en Xi Jinping, no ha habido interés genuino alguno en rescatar las lenguas, tradiciones, y rituales de las minorías que hoy son sujetas a este cambio de cultura obligado. El asunto en Xinjiang se ha convertido en un tema para juzgar la moral de los países y su afinidad con el pensamiento occidental, particularmente en materia de derechos humanos.

En julio de 2019 llegaron al consejo de derechos humanos de la ONU, cartas firmadas por diferentes países en los que éstos expresaron estar de acuerdo con el programa anti-terrorismo de China en Xinjiang. Entre estos países se encuentran Pakistán, Turkmenistán, Rusia, Bielorrusia, Siria, Somalia, Sudán del Sur, Sudán, Egipto, Argelia, Laos, Myanmar Camboya. En cuanto a América Latina, Cuba, Bolivia y Venezuela se han pronunciado a favor de las medidas. Lo impensable en tiempos de los valores “universales” (occidentales) a principios de nuestro siglo, es hoy un discurso que crece, haciendo notar un cambio de balance en el orden mundial.

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/CR

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