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Ricos pero honrados

Ricos pero honrados

Columnas viernes 13 de septiembre de 2019 - 02:23

He leído a varios comentaristas fifís, neoliberales, machuchones, decir que la 4T, lejos de combatir la pobreza, lo que hace es promoverla, rendirle culto y —Dios mediante— instrumentalizarla para eternizarse en el poder. Que eso explica su encono, su rechazo a toda forma de creación de riqueza. A ver, neoporfirianos patéticos, miserables sepulcros blanqueados: en la 4T nos fas-ci-na la riqueza. Para decirlo claramente, no solo no rechazamos sino que aplaudimos, hasta que nos duelen las manos, la existencia de millonarios en nuestras filas, millonarios, claro, que tienen que cumplir con el requisito de alcanzar los más altos estándares morales, y sobre todo el de ser buenos revolucionarios.

Ejemplos no faltan.

El más reciente es por supuesto el de Manolo Bartlett, vituperado por una minucia como no declarar 800 milloncitos de pesos en bienes inmuebles, hechos con el salario humilde de quien ha dedicado una vida al servicio público. El tío Manolo es, sí, el de las elecciones del 88. O ese cuyo subalterno asesinó al periodista Manuel Buendía. Bueno, esa fortuna la aplaudimos. Sobre todo que nuestro Presidente Eterno, Primer Baluarte de la Moral Juarista, ya dijo, palabras más, palabras menos, que el tío es el modelo de decencia que todos deberíamos seguir.

También aplaudimos la fortuna de Napito Gómez Urrutia, exiliado hasta antes de que se acabara la corrupción, o sea hasta la llegada de la 4T, por haber usado 46 millones de dólares de los mineros para sus viáticos.

Ahora resulta que un líder sindical, un luchador social, no tiene derecho a una vida digna. Pónganse Vitacilina.

Tampoco tenemos problemas, a priori, con que un compañero de la 4T que se dedica al negocio del carbón le venda carbón a la CFE, una empresa cuyo titular es uno de los representantes más eximios de la revolución triunfante: ¡Manolito Bartlett, claro que sí! Y me adelanto: tampoco nos causan problemas las hipotéticas proximidades de tata Jiménez Espriú o del inge Riobóo con el aeropuerto de Santa Lucía.

O, pa’pronto, no nos causa problema la riqueza del prófugo eterno César Duarte.

Porque el exgóber puede haberse dedicado a comprar ranchos a una velocidad que haría palidecer de envidia al propio tío Manolo (que, claro, puede repuntar en esta sana competencia inmobiliaria: no lo den por derrotado), o a poner a sus hermanos en cualquier cantidad de puestos públicos. Sí. Pero ya nos dijo un par de veces Yeidckol Polevnsky que con él las cosas estaban mucho mejor en Chihuahua. Y mi Yei sabe de lo que habla. Como amante del régimen castrista y la revolución bolivariana, sabe de lo que se trata una verdadera revolución de izquierda.

Porque sí, ya acabamos con el Seguro Popular, ya dejamos a los más pobres sin vacunas contra el sarampión y tratamientos contra el cáncer, ya los expusimos al dengue por no fumigar, ya les quitamos las estancias infantiles y una cantidad importante de empleos, mientras repartimos tarjetas a las que solo les falta tener fondos. Pero eso simplemente nos acerca a la noble tradición de la izquierda populista latinoamericana. Porque de Chávez y Maduro a Cristina y por supuesto a Fidel, de lo que se trata una verdadera transformación es de promover nuevos ricos. Es una forma de redistribución, ya saben. Veo a mi Yei frotándose las manos: “Uy, seguro me vuelvo a ganar este viernes la Orden de Macuspana”. No, querida. El servidor público 4T de la semana es por supuesto el doctor Mireles, que luego de referirse a las mujeres como “pirujas” y “nalguitas”, muy revolucionariamente también, hizo lo que le pidió nuestro presidente Eterno: decir “Ooops, perdón”.

No, pues no hay cuidado, camarada.

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/CR

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