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Salvaje, irresponsable, campeón y desvergonzado

Salvaje, irresponsable, campeón y desvergonzado

Columnas lunes 25 de noviembre de 2019 - 02:10

Deontay Wilder defendió exitosamente el título de peso completo del Consejo Mundial de Boxeo, igualando el récord de diez defensas exitosas que antes logró el legendario Muhammad Ali; consiguió el nocaut en los últimos segundos del séptimo asalto y derrotó al cubano Luis Ortiz por segunda ocasión.

Tras casi siete episodios de una pelea que se tornó aburrida, Wilder conectó una derecha fulminante sobre el rostro del “King Kong” Ortiz, quien, tras la cuenta de protección, no tuvo fuerza suficiente para sobreponerse. Wilder ganó, con muchas dudas, pero lo hizo. En su futuro inmediato está Tyson Fury, Andy Ruiz o Anthony Joshua; hasta la noche del sábado, Deontay parecía invencible.

No puedo dejar pasar la oportunidad para señalar (con mucha tristeza), que el sábado pasado un boxeador mexicano de gran potencial, perdió la oportunidad de brillar, por irresponsable. Luis “Pantera” Nery tiró por la borda el boleto que lo pondría de frente al camino de ser campeón del mundo otra vez. ¿Por qué? Por un tema que tiene que ver con el peso. Nery llegó a la ceremonia de pesaje con una libra de más, marcó 119 en vez de 118 y no regresó a la báscula, esperaba que una negociación lo salvara, pero el boricua Manny Rodríguez se negó a pelear, de nada sirvió la oferta de cincuenta mil dólares que le ofrecieron como prenda para aceptar la pelea, prefirió negarse y con ello, sentar un precedente: “No siempre manda el dinero”.

No es la primera ocasión en que Nery tiene problemas por un tema de peso, le sucedió antes con el colombiano Martínez, después con Yamanaka, la noche en la que el título de campeón se le fue de las manos. Un verdadero desperdicio; entrenó con Freddie Roach, habló en cada entrevista de sus condiciones superiores y al final, regresó a casa a seguir recibiendo adulaciones que ya contaminaron su voluntad; en el boxeo lo primero que se necesita para ser campeón es dar el peso; ojalá le vaya bien.

Fue un fin de semana atípico en todos los sentidos para el mundo del boxeo, porque el viernes, Julio César Chávez subió de nuevo al ring, él y Jorge “Travieso” Arce, participaron de un combate de exhibición con un fin noble, apoyar económicamente a la rehabilitación de Christian Castillo, boxeador que sufrió un derrame cerebral y que además es hijo de otro gran pugilista mexicano, el excampeón mundial de peso ligero, José Luis Castillo.

Cierro este episodio hablando de Kovalev, porque quiero externar mi punto de vista como aficionado, y pienso que nada hace más daño al boxeo que un personaje que decide “ventilar” que subió a combatir solamente por dinero, qué cara tan dura y qué poca vergüenza, pues es tanto como aceptar que has mentido a la gente que llora y sufre en tus derrotas y que celebra y ríe contigo en las victorias; lo que hizo Kovalev no es un ejercicio de honestidad, es la aceptación de que su palabra, su calidad moral y su boxeo, no pueden medirse más que en dólares, aún con sus tres millones en la bosa, qué pobre y qué barato.


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/CR

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