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Shakespeare en tierra de vikingos

Shakespeare en tierra de vikingos

Columnas martes 17 de septiembre de 2019 - 01:56

Nadie dedicó tanto a escribir sobre la fascinante relación de William Shakespeare con el castillo de Kronborg -Palacio Real de Elsingor en Hamletque el cervantino Luis Astrana Marín, al que llegué por Jos Martín tras haber leído su Viaje a tierra de vikingos (Sirpus, 2005), una valiente construcción literaria prologada por Javier Reverte que compatibiliza voces de las más grandes glorias invasoras vikingas del siglo VIII con una primera persona sensible y a la vez rigurosa que redescubre la Dinamarca pre y post-Hans Cristhian Andersen.

No hay evidencia de que el dramaturgo inglés haya visitado tierras danesas para inspirar su drama inmortal, pero existe una teoría que refiere que formó parte de la expedición de una compañía teatral isabelina para recibir un homenaje del rey Federico II. ¿Cómo, si no, fue capaz de describir con tanta perfección esos festivos brindis con vino del Rhin, el anuncio del cañón robusto a las nubes o el cielo retumbando a las aclamaciones del rey?

De cualquier manera, para asegurarme de no dejar cabos sueltos, luego de haber estado meses atrás en la entrañable villa de Stratford para visitar su antigua casa y la iglesia donde supuestamente descansan sus restos, seguí la pista hamletiana hasta la fortaleza que se levanta en un promontorio situado en la parte más angosta del estrecho de Oresund, donde con un sola mirada se pueden abrazar Suecia y Dinamarca, una hazaña solo comparable con la de la encantadora actriz sueca Alicia Vikander, pieza imprescindible de las adaptaciones cinematográficas de la elogiada The danish girl y el drama histórico sobre el rey Christian y el drama histórico sobre el rey Christian VII de Dinamarca, A royal affair.

Puede que a estas alturas, con el estigma de civilizados que cargan los nórdicos, no parezca la gran cosa, pero en su día, el Báltico, previo a la irrupción de Pedro El Grande, se convirtió en el epicentro de la feroz rivalidad entre Christian IV de Dinamarca y Gustavo II Adolfo de Suecia.

Tras volver a casa, luego de haber visto por cuarta vez Shakespeare in love, logré constatar que mi moleskine y yo volvimos a salir ilesos.

•Lector, viajero y prospecto de escritor.
Dormí en el Wadi Rum y contemplé el rostro
imperturbable de la gran esfinge en la meseta
infinita de Giza. @Ricardo_LoSi

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/CR

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