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Columnas miércoles 25 de septiembre de 2019 - 01:34

El país se hunde cada vez más en la barbarie. En lo que va del año, aumentó, en relación al año anterior, el número y las tasas de asesinatos, de feminicidios, de secuestros, y de extorsiones. De enero a agosto hubo al menos 24,299 homicidios dolosos, para un promedio de 98 asesinatos diarios. La extorsión se ha incrementado en 36%, el feminicidio en 15%, y el secuestro en 12%, cifras todas que afloran en las tinieblas de un sub-registro, o cifra negra, de 94%. Es decir, con porcentajes ínfimos de denuncia, y con policías y procuradurías catatónicas, las cifras de delitos con registro se continúan desbordando.

¿Y cómo están los incrementos para fortalecer a las instituciones de seguridad? Pues de un .8% en términos reales para 2020. Tal. Cual. Incluso los recursos asignados a la consentida, la Guardia Nacional, implican que no podrá cubrir las plazas programadas, por lo que buena parte de su estructura provendrá de las Fuerzas Armadas, pero bajo el paraguas de una Secretaría civil. Se trata de una simulación burocrática, un ornitorrinco sin identidad ni misión. Y donde sí hay definición, las noticias también son desastrosas.

En cuanto a policías, a la desaparición de la federal se resta el abandono de las locales, ya de por sí deambulando por la calle de la amargura, y sin las cuales no podrá funcionar ninguna corporación federal de ningún tipo ni tamaño. Así lo vuelve a indicar el mejor de los indicadores: el dinero. El fondo para las policías estatales se queda igual en términos reales, lo que significa un retroceso institucional también muy real, y el fondo para las policías municipales se reduce en casi una tercera parte, lo que sepulta operativamente a muchas de ellas.

Aderezando estas irresponsabilidades de magnitud histórica, vienen los consabidos mensajes buen onda para todo el zoológico de psicópatas, mientras continúan, como parte del maremágnum criminal, las cacerías de policías.

Por si a alguien le importara, en el año van al menos 280 policías asesinados, en lo que será otro récord de sangre. Así, criminalidad e indolencia caminan de la mano por un corredor de permisividad política asombrosa, mientras una extendida hipocresía social busca culpables menos evidentes que ella misma.

Y surge entonces una premonición. Si las instituciones se derrumban; si el miedo anula voluntades; si la ambición aplasta cualquier sentido de Estado; si los gobiernos continúan viendo para abajo y para atrás. Si mientras se acumulan los crímenes, y las impunidades, y las venganzas, continúan las mentiras, y las distracciones bobas, y los aplausos suspirantes o nerviosos. Si la barbarie se mantiene y se extiende, nuestro destino será La Rapiña. Así, con mayúsculas. Nada es inevitable, pero visto lo visto, improbable ya tampoco es.

•Director General de Causa en Común.
@japolooteyza

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/CR

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