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Si Juárez no hubiera muerto

Si Juárez no hubiera muerto

Columnas jueves 18 de julio de 2019 - 01:24

Si Juárez no hubiera muerto se estaría revolcando en su tumba por la activa participación de las iglesias evangélicas en la vida pública nacional o tal vez no, en una de esas, quizás hasta el propio don Benito se habría sumado a la repartición de la Cartilla Moral.

Como quiera que sea, lo cierto es que hace 147 se nos fue nuestro benemérito; falleció en Palacio Nacional la noche del 18 de julio de 1872, luego de vivir durante poco más de un año en el ala norte de palacio porque le quedaba cerca el despacho presidencial.

No murió envenenado por una mujer a la que llamaban la Carambada —como cuenta una de las tantas teorías de la conspiración que nos gustan a los mexicanos—, el corazón le falló a los 66 años y fue sepultado en el panteón de San Fernando al lado de su amada Margarita que había fallecido en enero de 1871. Su entierro fue el último registrado en San Fernando; luego de las pompas fúnebres el panteón cerró sus puertas y concluyó su historia.

Algo tiene don Benito, o al menos, el Benito que habita en el imaginario político que tres de nuestros presidentes han creído ser la reencarnación de Juárez: Venustiano Carranza —que entre otras sutilezas rescató y puso en vigor la misma ley que Juárez usó contra quienes apoyaron la intervención francesa, pero en su caso contra los enemigos de la Revolución—; Echeverría, que conmemoró por todo lo alto el centenario de su muerte y nos dejó ese horripilante monumento conocido como Cabeza de Juárez, y el más reciente —no descartemos un nuevo Juárez en el futuro— nuestro amado líder, que seguramente hoy recordará, con mucho sentimiento, a su personaje histórico favorito, su héroe entre héroes, su ejemplo a seguir.

▶ Lo que suele suceder con los grandes protagonistas de la historia después de muertos es que mientras van perdiendo su dimensión histórica, la política los reviste con retórica, demagogia, mitos e interpretaciones a modo.

Juárez no es la excepción y nuestro amado líder lo sabe, pero suena retebonito exclamar a los cuatro vientos que don Benito es “el mejor presidente que ha tenido México”. Esta afirmación es muy efectiva en los discursos, en las arengas, en las concentraciones populares, vende y vende bien, pero es imposible comparar el gobierno de Juárez con cualquier otro antes o después de él, porque las circunstancias en que gobernó fueron excepcionales.

Don Benito gobernó de manera ininterrumpida durante 14 años (1858-1872); en los primeros 10 años el país permaneció en guerra y Juárez tuvo que gobernar como dios le dio a entender o sea a la mexicana: con facultades extraordinarias, sin Congreso, con suspensión de garantías y usando la constitución como bandera política porque su aplicación era imposible.

Los últimos cuatro años de su gobierno tampoco fueron un lecho de rosas. Con la hacienda pública en bancarrota, constantes levantamientos armados y la rebelión de Porfirio en 1871 tuvo que recurrir al uso de la fuerza para mantener al país en calma.

Nuestro amado líder trata de equiparar su gobierno con el de Benito Juárez, con su propia y arbitraria interpretación. Hace unos días, al referirse a la renuncia de Urzúa señaló que Juárez había cambiado 30 veces de secretario de Hacienda porque así son las transformaciones.

Falso. Entre 1858 y 1872, el benemérito tuvo 23 secretarios de Hacienda y 6 oficiales mayores que ocuparon interinamente el cargo, pero no porque su régimen encabezara la segunda gran transformación del país, sino porque el país era un caos. Nada más de 1858 a 1861, durante la guerra de Reforma, Juárez tuvo 14 secretarios de Hacienda.

En términos históricos, nadie puede negarle a Juárez que definió la segunda mitad del siglo XIX, logró pastorear a la república y llevarla a buen resguardo durante su gobierno; junto con lo mejor de la generación de la Reforma creó el Estado laico y sentó las bases del Estado moderno mexicano, pero ni nuestro amado líder es Juárez, ni las circunstancias en que gobernó son semejantes a las de 2019. Lo más parecido de nuestro amado líder con respecto al benemérito, además del gusto autoritario para gobernar, es que sigue utilizando el término conservadores como se usaba a mediados del siglo XIX.

Recuerdo de gloria y sepulcro de honor para don Benito, ojalá ya lo dejen descansar en paz porque si Juárez no hubiera muerto hoy se moriría bajo la luz de los evangélicos.

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/CR

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