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“Si el otro lado huele sangre, estás muerto”
“Si el otro lado huele sangre, estás muerto”

Columnas miércoles 12 de junio de 2019 - 04:14


Tratar de intimidar es la principal estrategia de Donald Trump, pero desde hace tiempo son obvias las limitaciones de este método en lo concerniente a la política exterior actual y sus ingentes complicaciones.

Quien lo entiende, lo entiende, y quien no, pues no.


▶ Trump pretende utilizar su experiencia como hombre de negocios y hace con los países como si fueran mercanchifles. El arte de la negociación, para él, es fanfarronear, intimidar, amenazar para forzar a la otra parte a ceder y llegar a un acuerdo favorable.

Fanfarronería e intimidación son extraños métodos tradicionales de la diplomacia tradicional, pero en este tiempo de hombres fuertes las cosas cambian rápidamente, y Trump ama el papel de ser el gran “bullyneador” internacional.

Ahora bien, esta estrategia casi nunca le ha funcionado.

Las crisis recientes de Estados Unidos con algunos de sus adversarios han exhibido a Trump como un negociador ineficaz, quien sólo intimida pero es incapaz de cumplir sus amenazas.

En el manejo de crisis internacionales es difícil encontrar el equilibrio adecuado de diplomacia y coerción. Recuérdese, por ejemplo, como amenazó al líder de Corea del Norte, el inefable Kim Jong-un. Empezó amenazándolo con la “destrucción total”, pero tras dos infructuosas cumbres el estrafalario personaje enamoró a Trump y cuando los coreanos reanudaron el lanzamiento de misiles el presidente incluso defendió a su nuevo amigo.

Tampoco Irán se dejó intimidar.

Trump confiaba en llevar la situación al límite para atraer a Irán a la mesa negociadora. Pero no sucedió. Tanto el líder supremo espiritual de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, como el presidente Hassan Rohani subrayan continuamente la intención de no sentarse a hablar bajo presión con Estados Unidos.