Sobrevive arquitectura islámica ante la renacentista en Sevilla
Sobrevive arquitectura islámica ante la renacentista en Sevilla

Entornos martes 12 de marzo de 2019 - 05:45


RICARDO LÓPEZ / En España

El dependiente del Black Swan, en Bilbao, nos prometió una noche de flamenco en el verdadero barrio artístico de Sevilla, al otro lado del río Guadalquivir. Quedé de verme con una japonesa, Chihiro; un belga cuarentón, de Lieja; y una hindú vegana.

Mientras hablábamos de lo que se habla entre desconocidos en ciudades inexploradas, el belga comenzó a impacientarse conmigo. Durante el largo peregrinaje no dejé de preguntar acerca de Molenbeek, un barrio en la periferia oeste de Bruselas estigmatizado como semillero de terroristas islámicos.

-¿Cuál es su reputación entre los belgas?, pregunté con la imprudencia del que ha sido turista la mayor parte de su vida.

-Amigo, si sobreviviste 29 años en la Ciudad de México, estarás bien en Molenbeek, ironizó para zanjar de un plumazo mi mediocre esbozo periodístico.

El escenario era una tarima que coqueteaba genuinamente con el colapso ante el violento vaivén de los tacones. Los gitanos, marginados y perseguidos históricamente, estaban más empeñados en condenar al unísono cualquier amenaza de video que en trascender en la memoria de los asistentes.

Sevilla, asentada sobre una vasta llanura, es una ciudad exuberante. La torre de la Giralda es un antiguo alminar de la mezquita sobre la que se levantó la catedral en la que descansan los restos de Fernando III, el gran recristianizador de la región.

La Plaza de España y el Alcázar, como la Alhambra nazarí de Granada, reivindican el espíritu de supervivencia de la arquitectura islámica frente al implacable fervor renacentista.

Una cita ineludible con la comisaría de Barcelona me obligó a elegir entre la mezquita de Córdoba y Gibraltar, un territorio británico de ultramar que España busca reconquistar, sin éxito, desde que lo perdió en la Guerra de Sucesión hace más de 300 años.

Visitar por placer Gibraltar es como venerar a Maximiliano de Habsburgo en México, asentarse en Bogotá para renunciar al caribe, ser de los Mets en Nueva York o llamar a Sabadell la Manchester catalana: despierta sospecha. Hay historias más o menos románticas ligadas al peñón y sus 52 kilómetros de túneles, como aquella vez en que Adolf Hitler se entrevistó con Francisco Franco -vaya par- en Hendaya durante el punto más álgido de la II Guerra Mundial para persuadirlo de que permitiera el despliegue de tropas alemanaspor la península a cambio del control de La Roca.

Desde entonces, sólo el Brexit, el fracaso de la democracia directa en Reino Unido, ha supuesto un atisbo de esperanza para la política exterior española con miras a recuperar un enclave estratégico en el Mediterráneo, que ofrece unas vistas privilegiadas al norte de Marruecos.

Envie un mensaje al numero 55-13-60-28-33 por WhatsApp con la palabra SUSCRIBIR para recibir las noticias más importantes.

Etiquetas


Notas Relacionadas


Publicidad


Más leidas


Lo último


SIGUENOS EN TWITTER


+-