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Somos Lo Que Leemos

Somos Lo Que Leemos

Columnas viernes 13 de septiembre de 2019 - 02:35


Era un domingo de octubre del año pasado, hacía mucho sol y salí a patinar con mi hija en carriola por Reforma hasta Bellas Artes. Justo mientras regresaba frente a la Alameda, sobre la avenida Juárez, estaba un hombre alto, con una cámara tomando fotos, me apuntaba a mi y yo obviamente, posé.

Se me acercó y durante avanzaba, él también iba en patines y me pidió permiso de tomarme otra foto porque esa le había salido movida, seguramente andaba yo muy de buenas y sentí buena vibra, por lo que le dije ¡Claro!, tomé la carriola y regresé para repetir el camino.

Se presentó como Eduardo, psicoanalista, amante de la fotografía. Intercambiamos cuentas de Instagram y más tarde cumplió su palabra y me envió las que había tomado. Bonito recuerdo.

A partir de allí comencé a seguir su estilo fotográfico. Un documentalista en desarrollo. Es interesante cómo alguien que tiene la disposición de entender y conocer la causa de los sufrimientos y comportamiento del ser humano, observa y captura.

Sus fotografías son retratos que enmarcan personalidades distintas, alegres, cohibidas, libres, serias, pero la mayoría lo ve a los ojos, y los que no, se saben vistos por un hombre alto, delgado, con personalidad llamativa y una cámara tan libre como su pensamiento.

En el tiempo, ya de un año, hemos compartido puntos de vista y opiniones sobre la fotografía, y entre esas conversaciones me compartió un texto donde analiza la imagen y su lectura, evalúa la importancia y el valor de saber leer las imágenes.

Y tomo un par de líneas de su análisis: “Leer una imagen nos acerca a lo inefable donde habita la causa del deseo, por eso, si nos quedamos en la contemplación de la imagen sin leerla jamás habremos de haber realizado el gesto arriesgado de romper el espejo que nos dice quienes somos y seremos…”.

Es cuando decido elegir esta imagen que captó en Ámsterdam. Una pareja que a falta de un balcón, deciden convertir su ventana en un espacio propio, íntimo, donde solo caben los dos.

Me gusta que en la reflexión de Eduardo, diga que leer la imagen nos lleva a encontrarnos, a esos que decimos que somos o que no sabemos, pero que lo descubrimos al interpretar lo que vemos.

Es como lo que he comentado, que leer la imagen también implica en nuestro estado de ánimo del momento, lo que deseamos, lo que perdimos, lo que somos, tal cual como él dice.

Esta pared de su edificio color rojiza del ladrillo que tanto me gusta, con dos ventanas tan limpias, que en una veo la compañía de un árbol que observa a los dos chicos que comparten la hora del desayuno para escucharse y seguir juntos.

Una ventana para quien mira y otra para quien la necesita.

Coincidí con la imagen, porque así es la vida en pareja, llena de momentos donde se intercambian ideas, planes, sueños, en un espacio reducido, porque de lo que se trata es de estar bien juntos, o muy juntos. Cuando se goza el tiempo en pareja, entre menos espacio haya entre los dos, es mejor, y estos chicos lo saben.

Una foto que relata el amor, la vida de dos, la compañía de dos ventanas que le dan luz cuando es de día y oscuridad cuando es de noche.

▶ La lectura de la imagen es tan importante, como observar y darnos cuenta que lo que interpretamos, tiene que ver con lo que deseamos y con lo que nos hace sentir cómodos.

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/CR

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