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Soy gachupín y quiero morir en México
Soy gachupín y quiero morir en México

Columnas viernes 29 de marzo de 2019 - 04:16


Quisiera abstenerme de publicar sobre la petición del Presidente para que el rey Felipe VI (no soy monárquico) y el papa Francisco (no es santo de mi devoción), hagan una lista de agravios y pidan perdón por haber llegado a este increíble país
con la espada y la cruz.

Pero qué quieren, AMLO es un provocador político y todos caemos en sus redes. En esto es todo un conquistador. Luego sería bueno que nos pidiera perdón, claro.

Y qué quieren, soy nacido en España y adoptado en Mexico, país del que me siento orgulloso, satisfecho, honrado y feliz. No conozco hasta ahora a ningún español que se quiera ir de esta bendita tierra a pasar fríos y ver modales rudos en nuestra tierra.

Y qué quieren, esos 300 castellanos (soy castellano, de Ávila) y extremeños que vomitaron durante meses en unas carabelas que eran cáscaras de nuez, no sabían ni adónde llegaban, ni lo que encontrarían. Pero imagínense a un grupo de 300 intrépidos guerreros aztecas que de repente quisieran llegar a Escandinavia y se allegan, sin mayores razonamientos, al mundillo castellano. Seguro hubieran sacrificado extremeños y convertido en pirámide azteca el Escorial. Alguno de sus más hábiles políticos hubiera engañado con oro y jade al diminuto Felipe II, distraído como andaba en misas y conquistas.

Y qué quieren, era la época. Era la etapa de la historia. Y que los gachupines que se morían de hambre, de frío y de pago de impuestos para financiar las hazañas allende los mares, se lanzaron a lo que fuera. Daba igual las Indias que las Américas, las especias que el oro.

Y qué quieren, se encontraron un país maravilloso, repleto de sabiduría y de riqueza y se quedaron. No se iban a ir, ¿verdad? Copularon con singular alegría para generar una extraordinaria raza mestiza, impusieron el español para entenderse todos rápido (¡Ay los castellanos!), se arroparon bajo una cruz sobre la que también maldecían y aceptaron los derroteros de la historia.

Y qué quieren, eran los tiempos de la espada, de la Cruz, de la viruela, del español y de las conquistas. Hoy ya no es ese tiempo. Casi todos hemos logrado aprender de la historia y distinguir lo bueno y lo malo de todos esos momentos álgidos.

Los López, los Sánchez, los Galicia, los Melchor, los Ávila, los Suárez, hoy muy mexicanos, ya no son avasallados, son consecuencia de una conquista que sólo puede juzgarse en un contexto histórico específico.

El símbolo lanzado como dardo lopezobradorista debe tener otras aristas. Es un animal político, al estilo de Hernán Cortés.


•Director de Extrategia,
Comunicación y Medios

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/CR

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