Tan sólo un paliativo
Tan sólo un paliativo

Columnas lunes 11 de febrero de 2019 - 00:43


El apoyo económico que empiezan a recibir miles de beneficiarios de los programas sociales del Presidente Andrés Manuel López Obrador tan sólo es un paliativo para que, al menos durante su administración, vivan mejor, pero no significa que saldrán de la terrible pobreza, ignorancia y soledad en la que se encuentran: no son suficientes para contrarrestar la desigualdad entre los mexicanos.

Es muy loable que quien tiene el poder se preocupe por los que nada tienen, en este caso por los adultos mayores, las personas con alguna discapacidad, las madres solteras e incluso los jóvenes que por diferentes circunstancias no estudian ni trabajan; lo que nos inquieta es si la estrategia de regalar dinero sea la adecuada para lograr que todos estos mexicanos salgan adelante. ¿No sería mejor apostarle a la educación y a la generación de fuentes de trabajo?

Mucho se ha afirmado que los recursos multimillonarios en programas sociales (cien mil millones de pesos) que invertirá el primer mandatario durante su primer año de gobierno son netamente clientelares, con miras a mantener el respaldo de todos quienes se vean beneficiados con alguno de esos programas en la elección intermedia de 2021.

En cierta medida tienen razón los detractores del gobierno lopezobradorista: la entrega de apoyos a través de la Secretaría de Bienestar servirá para que durante el plebiscito que ha anunciado el Presidente López Obrador para la mitad de su sexenio reiteren su respaldo al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) con el que logró, después de 12 años de campaña, asumir el poder en México.

También es cierto que regalar dinero no ayudará en nada a detonar la economía del país, como sí lo harían las inversiones, la creación de empleos bien remunerados y, sobre todo, la preparación de los jóvenes. Recibir dinero a cambio de nada, sin ningún esfuerzo, es riesgoso: puede alentar la indiferencia, la flojera y la ignorancia, y traducirse en una productividad cero para un país que requiere todo lo contrario.

Sin embargo, es de reconocer que durante décadas los antecesores de López Obrador no se preocuparon por los pobres, y que el presupuesto asignado por la Cámara de Diputados para ese amplísimo sector de la población fue, en gran medida, desviado por funcionarios corruptos que gozan de una riqueza ilícita y de impunidad total.

La “estafa maestra” es el monumento a la corrupción y al cinismo de los servidores públicos que, como en el caso del expresidente Enrique Peña Nieto, se pasea sereno por España, o de la ex titular de la Secretaría de Desarrollo Social, Rosario Robles, que tiene tiempo y humor para invitar, a través de las redes sociales, a sus amigas a tomar café.

Aplaudo la iniciativa de velar por los derechos de los mexicanos más humildes, pero me uno a las miles de voces que reclaman oportunidades firmes y permanentes para las comunidades más pobres, y en particular exigen una educación de calidad.

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/CR

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