The Embassy

The Embassy

Columnas jueves 29 de agosto de 2019 - 01:24


Ha transcurrido casi medio año desde que Estados Unidos anuncio la retirada del personal diplomático, en su totalidad, de la embajada en Venezuela. Han sido casi seis meses en los que la política estadounidense frente al régimen de Nicolás Maduro ha pasado por varias etapas.

Las amplias instalaciones, que se levantaron en la última década del siglo XX, sencillamente simbolizan la importancia que tuvo Venezuela para Washington. Hoy están vacías. El edificio cuenta solamente con algunos custodios externos.

En su momento, cuando se anunció a inicios de marzo el desalojo del personal de la sede diplomática, los propios voceros estadounidenses hablaron de forma críptica. El desalojo, el que no hubiese personal estadounidense en Caracas, facilitaría la toma de decisiones. Algunos creyeron ver en este mensaje la anhelada llegada de los marines.

Los marines no llegaron, no hubo invasión, Nicolás Maduro sigue en el poder y la embajada solitaria, ni siquiera apetecida por alguna horda fanática del chavismo, nos colocan medio año después ante duras realidades.

El cambio, que sin duda luce como inevitable en Venezuela, no termina de llegar. Eso no trastoca el meollo del asunto: el régimen de Maduro es sencillamente inviable.

El cierre de la embajada y de la actividad consular de Estados Unidos en Venezuela, que puede estar explicada por razones estratégicas y de seguridad, representó también la pérdida de un espacio de respaldo para activistas de derechos humanos, periodistas críticos y políticos de oposición.

Y no se trata de ninguna imagen cinematográfica de alguien huyendo y saltando la verja para pisar territorio norteamericano. No, era eso. Era la embajada, como muchas sedes diplomáticas occidentales, un espacio para el diálogo e intercambio de ideas, que ya es decir bastante en tiempos en los cuales llueven los señalamientos y las afrentas desde el poder.

Este 28 de agosto el gobierno de Estados Unidos ha dado un singular anuncio.

Si se lee entrelíneas sencillamente se hará permanente lo que parecía provisional. En la embajada estadounidense de Colombia habrá una suerte de anexo: la Unidad de Asuntos de Venezuela, que tendrá como cabeza a quien fue el último encargado de negocios en Caracas, James Story.

Por la vía de los hechos, se asume que la embajada en Caracas va a seguir cerrada por tiempo indeterminado. Lo cual, en
otras palabras, no dice otra cosa que la transición democrática no parece estar a la vuelta de la esquina para Venezuela.

La decisión de abrir esta oficina, que tendrá fundamentalmente al personal que estaba en Caracas, es parte de los ajustes que se van haciendo en la política de EEUU en aras de alcanzar el cambio democrático.

El mismo día de este anuncio, se conoció una entrevista del enviado especial de Washington para la crisis venezolana, Elliot Abrams, quien ha admitido el escenario incluso de que Nicolás Maduro sea candidato presidencial de nuevo, con la condición de que deje el poder previamente. Y esta posición entraña un giro radical, sin duda.

Periodista e investigador de la
Universidad Católica Andrés Bello, en
Caracas.@infocracia

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/CR

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