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Tropezar con la misma piedra

Tropezar con la misma piedra

Columnas jueves 26 de diciembre de 2019 - 01:07

Parecería increíble o una broma de Navidad, el caso es que el ahora exembajador de México en Argentina, Ricardo Valero Recio Becerra lo volvió a hacer; es decir, y como dice una vieja canción, tropezó de nuevo con la misma piedra y en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, ya de regreso a México, donde fue llamado para rendir cuentas sobre su primer incidente, el robo de un libro de la librería más famosa de Buenos Aires, El Ateneo, intentó hurtar unas playeras del Duty Free, pero esta vez, a diferencia de la primera, sí tuvo consecuencias; el dueño del local presentó la denuncia correspondiente y se le abrió expediente al diplomático mexicano por robo sin violencia.

Quién sabe que habrá sentido el exsubsecretario de Relaciones Exteriores en ese bochornoso momento, ya que cuando lo detuvieron en la librería El Ateneo, él mismo se disculpó señalando por sus redes que el incidente no había pasado a mayores; que no fue robo porque no se consumó y que el libro tenía un costo de alrededor de 200 pesos mexicanos.

Desde luego que los argumentos esgrimidos por el diplomático mexicano, no tienen mucho sentido; a todas luces se cometió una falta que un embajador no debió de haber realizado bajo ninguna circunstancia y eso lo sabe, o lo sabía Ricardo Valero, pues en su currículum vitae aparece que es un diplomático de carrera que se supone que de esas cuestiones estaría empapado, o por lo menos, —se reitera—, eso se supone.

No se puede olvidar además, que la secretaria de Relaciones Exteriores, Olga Sánchez Cordero, justificó al ahora exembajador, señalando que no tuvo la intención de sustraer sin pagar un libro de El Ateneo, “yo tengo mis serias dudas”, comentó la responsable de la política interna del país, al tiempo que agregó que lo que ocurrió, fue que Valero Recio Becerra “andaba despistado”.

El anterior, sin duda, no puede ser un argumento sólido y mucho menos creíble. Fue entonces cuando vino la justificación y finalmente ante esta segunda falta, Valero renunció “por motivos de salud” y apareció a la luz pública una carta en la que un médico informa que el exembajador fue sometido a una cirugía en 2012, cuyas secuelas se reflejaron varios años después, como se puede ver.

O sea, para ponerlo en términos del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, Ricardo Valero es una gran persona; sin embargo, está sometido a tratamiento neurológico. Aquí el punto es que se ha despertado el escepticismo respecto a lo que no haya salido a la luz sobre los funcionarios de la actual administración.

Resulta poco creíble que no se supiera —porque Ricardo Valero no lo informó—, que estaba enfermo, lo que indudablemente, le restó aptitudes para desempeñar la responsabilidad que se le encomendó.

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/CR

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