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Columnas jueves 06 de junio de 2019 - 04:22


Escribo estas líneas horas antes de que el Canciller Marcelo Ebrard, se reúna con las autoridades norteamericanas, como resultado de la amenaza hecha por el presidente Donald Trump de imponer aranceles extraordinarios a los productos mexicanos hasta que la administración de Andrés Manuel López Obrador no controle las migraciones ilegales a Estados Unidos.

Y estoy preocupado. Estoy preocupado porque de llevarse a cabo la medida de Trump será un golpe fortísimo para la economía mexicana, que terminará por empujarnos a un episodio de recesión donde la economía, en lugar de crecer, puede reducir su tamaño. Previsiblemente, de imponerse los aranceles de Trump, habrá una presión muy importante sobre el tipo de cambio que, si bien abarataría las exportaciones mexicanas, no compensaría del todo los aranceles por los costos de los insumos importados; adicionalmente, habría efectos en los mercados financieros, las tasas de interés y en las decisiones de los capitales que pueden relegar a México como destino de sus inversiones.

Esta amenaza se da justo cuando los datos económicos del primer trimestre del año, con un crecimiento nulo del PIB y el IGAE con decrecimientos que no se habían visto desde la crisis financiera mundial de 2009, hacen que la economía mexicana sea particularmente frágil.

Paradójicamente, el anuncio hecho por Trump también es un serio golpe para la economía de los Estados Unidos por la fuerte interrelación comercial entre ambos países. Tan sólo el año pasado México le compró a Estados Unidos algo así como 265 billones de dólares (11% productos derivados del petróleo y el carbón, 8% autopartes, 7% equipo para computadoras, 5% semiconductores y 5% productos químicos); en tanto, México le vendió a Estados Unidos 346 billones de dólares (19% vehículos, 14% componentes de vehículos, 8% equipo de cómputo, 4% petróleo y gas, 3% equipo eléctrico).

▶ Más allá del balance comercial, dos terceras partes del total de las exportaciones de México a los Estados Unidos son operaciones entre plantas de las mismas compañías, porque aprovechar la calidad y el costo de la mano de obra mexicana es la única manera en que las compañías norteamericanas pueden ser competitivas en los mercados mundiales y frente a China.

Por lo anterior, es muy probable que la principal oposición a la intentona arancelaria de Trump venga de sectores importantes de los Estados Unidos, como son sus empresas globales con su capacidad de lobbying para influir en los legisladores.

Esto no significa que el Gobierno mexicano pueda ser omiso. Por el contrario, la amenaza de Trump ha sido un golpe de realidad para un gobernante como AMLO, que ha manejado una visión cerrada, con un discurso patriotero que había minimizado la agenda internacional y que se aferra a no ver al resto del mundo, pero cuya administración hoy se enfrenta a la complejidad de la agenda global.

Ojalá Marcelo Ebrard y la comitiva mexicana logren hacerse de los argumentos y aliados necesarios para salir airosos en las negociaciones, pues la viabilidad inmediata del país está en juego. Ni más ni menos.

Esto no es la payasada de la disculpa que se le exigió a España y el Vaticano. Esto es “the real deal” y esperemos no vaya bien.

•Ex Secretario de Trabajo y Desarrollo
Económico de Puebla. Analista
económico y de negocios @MichelChain

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/CR

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