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Una protesta de mujeres

Una protesta de mujeres

Columnas lunes 19 de agosto de 2019 - 00:39

El 2 de octubre de 2003, integrantes de la marcha conmemorativa habían vandalizado las recién inauguradas automotrices de la avenida central. El procurador Bernardo Bátiz se encontraba fuera del país por razones de trabajo.

Otro grupo más se acercaba a las instalaciones de la procuraduría. Resultó que el grupo de manifestantes lanzaba piedras contra la puerta de cristal de la fiscalía de servidores públicos. Uno de los agentes de la policía ministerial había resultado herido.

Comía con Samuel del Villar. Me hablaban para que los autorizara a detener en flagrancia a los manifestantes. Me disculpaba a media comida con el doctor Del Villar, comentándole atropelladamente del tema.

Me preguntó sobre la gravedad de las heridas del agente. La herida era superficial, en una rodilla. Es el coraje, le comenté. Me dijo entonces el doctor: Si detienen ahorita, enojados como están, las cosas se van a salir aún más de control. Dijo entonces Del Villar: “Recuerde que una puerta se repara, unos cristales se reponen, una pared se pinta, pero una vid que se pierde es irreparable.”

Viene a cuento todo esto por la reciente manifestación feminista que terminó en pintas e incendios.

En ese contexto debe considerarse que quien forma parte de una corporación de seguridad no empleará la fuerza salvo cuando sea absolutamente necesario.

En las recomendaciones de la ONU sobre la materia se afirma que “La ley nacional debería regular el uso de la fuerza con perspectiva de género.” El artículo 8 de la ley dispone: “Los protocolos y procedimientos de uso de la fuerza deberán atender a la perspectiva de género, la protección de niños, niñas y adolescentes…”.

También ha dicho la ONU: “Creemos que, fundamentalmente, la violencia contra las mujeres se basa en el orden de género imperante y se sustenta en pautas culturales profundamente arraigadas, construidas socialmente: es el ejercicio de poder de un sexo sobre el otro. La apuesta por ciudades más democráticas y de mejor y mayor convivencia lleva implícita, como condición fundamental, la erradicación de la violencia contra las mujeres, su empoderamiento y la promoción de sus derechos como ciudadanas.”

Esa perspectiva no se refleja en las reacciones en redes que demuestran que el machismo, la misoginia y la visión patriarcal prevalecen en nuestra sociedad: se mueven desde la extrema mojigatería, las peticiones de mano duran, hasta la apología del abuso sexual.

Nadie aboga por que se incendie una estación de policía. Nadie puede estar en favor de que se golpeé a un periodista. Pero es mucho más grave que en México mueran víctimas de la extrema violencia de género nueve mujeres cada día. De que miles de mujeres aborden con temor el transporte público, que caminen por las calles con miedo, con el pavor de ser víctimas de abuso sexual, o de ser violadas, desaparecidas o asesinadas.

La violencia de género no disminuye. Qué bien que las mujeres protesten, se organicen, griten y pinten, si sólo así somos capaces de ver la gravedad de lo que pasa.

Una protesta de mujeres

•Excomisionado Nacional de Seguridad: @Ley13091963

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/CR

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