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Unir a México

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Columnas miércoles 18 de septiembre de 2019 - 01:22

Honesta, como siempre me he conducido, debo confesar que no tuve el ánimo para ver y escuchar el grito que con motivo de nuestra independencia dio el presidente Andrés Manuel López Obrador. Desde hace unos tres años me he abstenido de ser observadora de este evento que en resumidas cuentas representa más una frivolidad que un acto de patriotismo puro: el primer mandatario en las alturas de un balcón de Palacio Nacional y la plebe, la que va al baile, en la plancha del Zócalo de esta gran ciudad que aguanta todo.

No obstante, ayer sí me di a la tarea de revisar lo que sucedió en la primera noche de López Obrador arengando la bandera mexicana como presidente legítimo de nuestro país y pensé que un rayo de luz iluminó la mente del tabasqueño que se comportó como el presidente de todos los mexicanos.

Fue sobrio. No estuvieron a su lado los hijos, ni los más cercanos del presidente, solo su esposa Beatriz Gutiérrez que, si quisiera, podría hacer mucho por este país sin necesidad de llevar el mote de “primera dama”.

El jefe del Ejecutivo federal siempre ha sido un hombre de símbolos, el 15, el del grito de “Viva México”, no fue la excepción y acabó con el espectáculo cuasi monarca de caminar hacia el balcón teniendo de lado al montón de funcionarios de su gabinete e invitados especiales aplaudiéndole como todo un “Jesucristo Super Estrella”. Lo logró, dio otra imagen, una más congruente con lo que predica.

Viendo la actitud que asumió quien despacha en Palacio Nacional me pregunto: ¿qué le cuesta al presidente comportarse como lo hizo la noche del lunes? Muchos, miles, millones, incluyéndome, esperábamos una arenga con quejas y críticas a los fantasmas del pasado, a sus antecesores, a los empresarios, a la oposición, a los que no están con él ni comparten su forma de gobernar.

Qué bien que no lo hizo, México y su gente, merece un presidente que demuestre ser un estadista en toda la extensión de la palabra, que nos una como mexicanos y no que nos divida como la hacía todavía un día antes del milagroso 15 de septiembre en el que fue otro López Obrador el que gritó a pulmón abierto todos los “vivas” que tenía preparados.

Ojalá que esta iluminación espiritual perdure en la mente del primer mandatario y no regrese el hombre que todos los días en las conferencias mañaneras manotea, advierte, juzga, critica, amenaza y se burla de sus compatriotas.

Deseo que perdure en él, en el presidente López Obrador, la cordura, la armonía y el deseo sincero de servir a México con todos los mexicanos, sean o no de sus seguidores, porque es su obligación; como bien dijo cuando asumió el poder el pueblo es su patrón y queremos que trabaje para todos, con políticas públicas que nos hagan crecer como nación y como seres humanos.

•Egresada de la escuela de PCSG. Exdiputada
constituyente. Defensora de los animales y
fundadora de "Ángeles Abandonados".

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/CR

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